Cuando el humor es la llave de acceso a la vida
Esta vez sí que parece que se van, quien aún no la haya visto tiene ahora la oportunidad (¿última?) de ver “La omisión de la familia Coleman”, del argentino Claudio Tolcachir,. “A España hemos venido ocho veces. Es una locura. Seguramente la seguiremos haciendo en Argentina y donde nos llamen, pero vemos realmente difícil la posibilidad de volver”. Todo empezó como un proyecto de improvisación y llevan 20 años girando.
“Era en mi casa -Timbre 4 es mi casa-, con mis amigos de siempre, la primera obra que escribía, no teníamos apenas expectativa. La estrenamos en 2005 pensando hacer tres meses y pasar a otro proyecto, así que todo lo que vino después es un misterio –señala-. Por suerte, sucedió todo lo que sucedió, sobre todo por los actores, que confiaron en mí y estuvieron ensayando gratis un año para que yo escribiera y la vida les devolvió bien el esfuerzo, acabó viajando por todo el mundo. Es una historia maravillosa de la magia del teatro”, significa orgulloso.
Lo que vino después fueron más de 2.000 representaciones en 24 países, subtitulada en 8 idiomas, 54 festivales internacionales, 12 premios y más de 300.000 espectadores. Pasó de ser una propuesta de teatro independiente, o “underground”, al teatro comercial. Ahora se despiden de España en el Teatro Infanta Isabel de Madrid entre el 2 y el 11 de febrero con un reparto formado por Jorge Castaño, Juan Zuluaga Bolívar, Tamara Kiper, Inda Lavalle, Cristina Maresca, Miriam Odorico, Gonzalo Ruiz y Fernando Sala.
La pieza “nos ha proporcionado muchas alegrías, me pude dar el gusto de escribir, que era algo que deseaba, de trabajar, viajar, vivir la vocación, conocer el mundo con mis compañeros y que sean reconocidos como los actores que son. Imagínate, algunos nos conocemos desde los 16 años -explica-, aunque también hubo dificultades, ha habido nacimientos, muertes, cambios…pero nunca hemos tenido problemas hacia dentro, todos hemos sido siempre muy cuidadosos del respeto al trabajo, es un grupo tremendamente profesional, además de talentoso”, afirma Tolcachir.
¿El secreto para que se haya convertido en una obra de culto? “No es fácil descifrarlo, quizá sea un cúmulo de cosas, pero es un misterio, nadie sabe por qué una obra así, sin un actor famoso, que nace en una casa…Creo que lo más potente es la identificación del público con los personajes y con los actores –reflexiona el autor-. Los personajes producen una especie de piedad, de rebelión, ternura, hartazgo…muchas cosas con las que el público se identifica”. Y aunque trate temas muy dolorosos, “lo hace con mucho sentido del humor, esto permite verlo con una sutileza, con una blandura, que si fuera un drama puro y duro se volverían violentos, creo que el humor es la llave de acceso a la vida de esta familia”.
La obra se centra en vínculos personales muy complejos, en la dificultad de la convivencia, de comunicarnos, de estar con otros en cualquier ámbito, sea familiar o social. “La relación con la familia puede ser paradigmática de una sociedad. Creo que la omisión es un sistema, veo que algo está funcionando mal, que las cosas en la casa no están bien, pero no las cambio, las naturalizo, sean los remedios de la abuela, mi hermano que no se baña o tal cosa que nunca me dijo, todo se va volviendo normal porque es demasiado para mí y como no puedo gestionarlo, lo dejo pasar, por eso creo que es muy social”, explica Toclcachir. “Son personajes contradictorios, incapaces, que tienen una vida y no saben cómo llevarla adelante, lo hacen mal, toman decisiones equivocadas, dan unas vueltas tremendas, pero ninguno se hace cargo de cambiar las cosas, ni encuentran las herramientas para hacerlo ni saben pedir ayuda, y en esa incapacidad de poder hacerlo bien creo que nos vemos todos un poco reflejados y eso conmueve, parece que los demás saben vivir y uno no”.
Y prosigue el director. “Lo peor de las situaciones es no hacer nada, omitir la responsabilidad, dejar que las circunstancias te arrastren o sucedan permaneciendo indolente ante ellas, no tomar decisiones, solo preocupados de sobrevivir en medio de la selva social. Yo la escribí en mi país en mi momento, pero sales al mundo y ves cosas peores, personas durmiendo en la calle, bosques que se incendian… y algo nos dice que no es mi responsabilidad, no sé si yo puedo hacer algo, ni por dónde empezar. De alguna manera, la desesperación parece que justifica la violencia y el egoísmo. Y creo que en eso, lamentablemente el mundo ha cambiado a peor, antes nos daba vergüenza ser egoísta o incapaz, ser un Coleman podía avergonzarnos, pero ahora da un poco de orgullo la crueldad, está bien vista socialmente, aunque eso, que es nuevo, no pertenece a la obra, porque estos personajes no son crueles ni violentos, acaso desesperados, son parte de un mecanismo que encontró una forma de sobrevivir, como la mayoría de nosotros, aunque de forma muy asfixiada y desesperada. En cambio, los que más publicidad tienen por la televisión y los medios ahora son los que se sienten orgullosos de la incultura, de la crueldad, de la vulgaridad y orgullosos de su fuerza, pero eso sería para otra obra, no es de ésta”, concluye.
- Dónde: Teatro Infanta Isabel, Madrid. Cuándo: Entre el 2 y el 11 de febrero. Cuánto: De 16 a 23 euros.