El efecto del escrache del Bernabéu a sus propios jugadores duró lo que suele durar el aroma de un perfume barato y se diluyó en Lisboa, el escenario de La Décima ahora profanado . Porque, y siempre según el argumentario distribuido por el administrador del grupo de WhatsApp de las viudas de Xabi, a Levante, Mónaco y Villarreal se les ganó por algo tan sencillo como que los futbolistas estaban asustados, ¿no? ¿Era así? ¿No andaban atenazados por el miedo? ¿Apretaron por los pitos? ¿Los gritos del socio 16.567 marcaron esos diez goles entre Liga y Champions? ¿No tuvieron nada que ver Mbappé, Vinicius o Bellingham? Pues, de ser así, reitero lo dicho: el efecto del acoso ha sido muy...
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