Últimamente prefiero mirar delante que detrás, con esto de la escritura y los homenajes que merecen la pena. Por eso quiero recuperar la figura de Yeyo, que más que como un gato que fue tigre, este cántabro de El Tejo, de Valdáliga, fue a la noche madrileña lo que una guitarra eléctrica al rock: una institución, un nombre propio, un todo que nos hizo al resto bastante mejores. Yeyo era el metre, encargado, responsable de la discoteca Green en la plaza de Juan Bravo. Antes de eso fue lo mismo en el Tartufo, pero eso que lo cuente alguien más pegado a esa generación porque la verdad es que no fue la mía. Yo fui de Yeyo, de la misma...
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