Cuando Amores Perros se estrenó, hace ya un cuarto de siglo, el personaje más odiado fue el suyo. 'Susanita', ¿la recuerdan? Una adolescente embarazada, atrapada en una relación violenta, sin redes familiares, sin respaldo emocional. Durante años, el público le reclamó a ella lo que en realidad era violencia estructural.Hoy, las nuevas generaciones lo ven con claridad: Susanita era la víctima. Ese cambio de mirada no es menor. Se trata de una grieta que se abrió con décadas de lucha feminista, con el esfuerzo colectivo de nombrar lo innombrable, de entender que lo que no se nombra, no existe.Pero para Vanessa Bauche, la violencia no comenzó en un guion de cine. Comenzó mucho antes.Hoy, con más de cuatro décadas de carrera, está aprendiendo algo que nadie debería aprender tan tarde: a defenderse. Así lo cuenta en el pódcast Pioneras de MILENIO, conducido por las periodistas Claudia Solera, Janet Mérida y Cinthya Sánchez.“Eres un error de la naturaleza”Hace 40 años, Vanessa tenía apenas diez u 11. Soñaba con estar en Vaselina y en Timbiriche. Como miles de niñas y niños de su generación, se sabía las coreografías de memoria, ensayadas en casa con sus primos y su hermano Tito Livio Bauche (QEPD) en las Navidades, llenos de ilusión.La audición fue en un pequeño auditorio de Televisa San Ángel. Desde la butaca, una asistente de producción —mano derecha de Julissa, figura clave de Vaselina en México y quien trajo este musical en 1973— gritaba insultos con poder absoluto sobre quién sí y quién no:“¿Qué te pasa, niño albóndiga? ¿No tienes espejo en tu casa?”“Tú, escuincla cara de grano, ¿cómo crees que con esa cara vas a poder?”Niñas y niños de diez y 11 años. Traumados en segundos. Sueños rotos con un solo adjetivo. Cuando llegó su turno, Vanessa sudaba. Sabía que algo venía, pero jamás imaginó algo tan hiriente ni tan elaborado.“Vanessa, tú eres un error de la naturaleza”.El insulto era tan cruel, tan desproporcionado para una niña, que tardó en comprenderlo. Fue su madre quien, después del golpe, tuvo que explicarle que aquello significaba que ella había nacido por error.Vanessa tenía una mente infantil. Se quedó procesando. Su madre y su abuelo la acompañaban. Al salir del casting, se tragó las palabras. Guardó silencio.En el camino de regreso, preguntó casi en susurro:“Mamá… ¿qué significa ser un error de la naturaleza?”Su abuelo frenó el coche. Quiso regresar a enfrentar a la agresora. Su madre lloraba —mucho más que ella— porque sí dimensionaba la violencia. Quería denunciar. Vanessa suplicó que no. Tenía miedo.Miedo de que le cerraran las puertas. Miedo de no volver a pisar un escenario.Cuatro años sin vozDespués de esa agresión, Vanessa pasó cuatro años sin voz. Hablaba bajo. Hacia adentro. Se tragaba las palabras. Había quedado una huella. No sabía que eso también era trauma. No sabía que eso también era violencia. Lo sabe ahora. Y hoy, no se queda callada.Cuando le preguntamos si había denunciado antes este episodio del casting de Vaselina, respondió con una honestidad desarmante:“No. Apenas estoy aprendiendo a defenderme, hermana”.Una infancia atravesada por la ausencia y la resistenciaVanessa creció en una tribu de mujeres. Como el 80 por ciento de las familias en América Latina: sostenidas por mujeres autónomas que se multiplican para sobrevivir.Su padre, el cantautor Tito Bauche —Tito Livio— fue una figura amorosa pero inestable. Un hombre sensible, artista, precursor de la bossa nova en México, pero violento con sus parejas.Hubo algo que hoy tiene nombre: violencia vicaria. Su padre llegó a desaparecerla, a ella y a su hermano, durante dos años. Sin redes sociales. Sin forma de localizarlos. Para los niños, eran “vacaciones”, porque los llevaba de hotel en hotel. Para su madre, una pesadilla.Cuando regresaron, Vanessa tenía nueve años. Dice que entonces empezó a ver realmente a su mamá: a entender el esfuerzo, la ternura, la paciencia infinita por recuperar la confianza de sus hijos.La actuación como refugioLa actuación llegó temprano. A los siete años escribió y montó su primera obra de teatro en primaria. Siempre la misma trama: la lucha entre el bien y el mal.La música era la segunda lengua en su casa. Su hermano tenía oído absoluto. Su padre cantaba como pocos. El arte no fue un lujo: fue una tabla de salvación. Su 'guaguancó', como su padre llamaba a ese pulso vital, a esa huella espiritual que lo atravesaba todo.Amores Perros y el cambio de concienciaAmores Perros fue su decimotercer largometraje. No era una actriz debutante. Era una actriz sólida.La película no solo cambió su vida: cambió la historia del cine mexicano. Demostró que desde México se podía hacer cine con rigor, excelencia y potencia global.Veinticinco años después, algo es distinto: ya no se culpa a Susanita. Hoy se entiende la violencia. Las generaciones más jóvenes la identifican con claridad.Denunciar cuando el costo es altísimoA los 40 años, Vanessa protagonizó una serie de televisión. Tuvieron que pasar tres décadas de carrera para que una mujer con su tez morena y su edad encabezara una producción.Ella forma parte de menos del 1 por ciento de actrices de su generación con piel morena que hacen protagónicos en series. Era una comedia. Estaba feliz. Pero la violencia volvió.Su compañero protagonista la agredió verbalmente en el set. La calumnió. La humilló.Luego supo algo aún peor: una compañera había sido violada por él. La producción lo sabía. Lo encubrió. Vanessa se bajó del proyecto y denunció. Casi cinco años después ganó las dos demandas: una por daño moral y por acoso laboral y violencia en el set.Vino el circo mediático. La revictimización. Las mentiras. Lo absurdo se volvió titular.Tres años después, existe una sentencia a su favor por daño moral y acoso laboral ocurridos en el set de la serie de Netflix, Guerra de vecinos. Y una verdad que no se puede borrar.La valentía de no callar“Los actores no tenemos derechos laborales. No tenemos seguridad social. No tenemos garantías”, dice.Pero también dice algo más poderoso: “No hay por qué tolerar lo indigno. La mínima falta de respeto ya es violencia. Y todos somos corresponsables de que suceda cada vez menos”.Actualmente, por la NOM 035, las empresas están obligadas a resguardar la salud mental y psicoemocional de sus trabajadores y a garantizar espacios libres de violencia.Vanessa Bauche no solo es una actriz imprescindible del cine mexicano. Es una mujer que está aprendiendo —y enseñando— a desnormalizar la violencia. Tarde, sí. Pero con una voz que hoy, por fin, ya no se traga. Y que suena con muchísima fuerza.Puedes ver la conversación completa aquí:MD