Bolivia corre el riesgo de quedar fuera del ciclo del litio
El portal especializado Mining.com abrió una serie de reportes especiales sobre los cambios geopolíticos en América Latina. En su primera entrega puso el foco en un recurso de alto interés para el país: el litio de los salares bolivianos. “América Latina está entrando en 2026 con recursos en el centro de un realineamiento geopolítico en rápido movimiento”, señala el portal especializado. La frase resume el nuevo escenario en el que los minerales críticos pasan de ser solo un negocio a un asunto de estrategia internacional.
Bolivia aparece en ese tablero por una razón central: posee uno de los mayores recursos de litio del mundo. De acuerdo con cifras del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el país alberga alrededor de 23 millones de toneladas de recursos identificados. Esto representa cerca del 20% del total global y “aproximadamente el doble que Chile”. Esta magnitud convierte al Salar de Uyuni y otros similares del altiplano en un punto de interés para la industria tecnológica.
Potencial
Sin embargo, el potencial boliviano no se traduce automáticamente en liderazgo productivo. A diferencia de Argentina y Chile, que ya cuentan con operaciones consolidadas y exportaciones significativas, Bolivia enfrenta desafíos técnicos particulares. Uno de los principales es la composición química de sus salmueras. Según informa Mining.com, la relación magnesio-litio en los salarios bolivianos “es de alrededor de 20 a 1”. Esta proporción supera la de otros yacimientos de la región, lo que encarece los procesos de separación y refinación para obtener litio de calidad batería. Esta condición obliga a apostar por tecnologías más complejas, como la extracción directa de litio (DLE), aún en fase de validación industrial en el país.
El contexto político y contractual también ha pesado en contra. Mining.com recuerda que los acuerdos firmados en años recientes con consorcios chinos y rusos para desarrollar proyectos de litio colapsaron en 2025. No lograron prosperar en medio de disputas legales y conflictos políticos internos. Los contratos quedaron, en palabras del analista Mariano Machado, “contratados pero impugnados”, es decir, firmados pero inviables para atraer financiamiento de gran escala. Esta situación alimenta la percepción de riesgo entre los inversionistas.
Riesgos de la inestabilidad
La inestabilidad política aparece como un factor estructural. “Los inversores no comprometerán capital” si no existe “certeza legal, estabilidad fiscal y mecanismos confiables para resolver disputas”, advierte Juan Ignacio Guzmán, CEO de GEM Mining Consulting en Chile. Así, es necesario que Bolivia mejores sus marcos regulatorios, evite la judicialización y politización de contratos y mitigue las tensiones con regiones productoras. Estos elementos son fundamentales para generar confianza en las reglas de juego.
En la actualidad, la explotación de litio en Bolivia sigue dominada por el Estado a través de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB). La empresa ha impulsado proyectos piloto de DLE y ha presentado solicitudes de patentes para tecnologías propias, con el objetivo de reducir la dependencia de socios extranjeros. No obstante, Mining.com advierte que generar propiedad intelectual no garantiza, por sí misma, producción comercial sostenible ni acceso a financiamiento internacional. Más aún en un mercado donde el tiempo es un factor crítico.
Machado resume la coyuntura con una advertencia clara: “el mayor riesgo es perderse el ciclo del litio”. Mientras la demanda global de baterías se acelera y otros países de la región avanzan con proyectos a escala industrial, Bolivia corre el peligro de que su enorme potencial no se traduzca en producción e ingresos.
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