Manuel Longares (Madrid, 1943) se quita tanta importancia al hablar que a veces parece invisible, apenas un susurro o un silencio cómplice o una sonrisa irónica. Es un hombre con pinta y hechuras de testigo, de tipo que simplemente pasaba por ahí, entre el despiste y la contemplación, siempre discreto; uno de esos tipos con las manos en los bolsillos que esperan una descripción en una esquina. Por ejemplo: «Daba limosna como quien tira la ceniza de un cigarrillo». Longares nació en el barrio de Salamanca, y desde ahí ha visto crecer la ciudad y la democracia, también su obra: lleva toda la vida escribiendo sobre Madrid, casi sin querer, sin darse cuenta. «Yo salgo de casa y sigo en...
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