Castilla y León no se vacía, se queda sin futuro cuando lo empuja fuera. No es solo una cuestión demográfica, ni una estadística fría de pérdida de población; es un problema político, económico y moral. Cada año miles de jóvenes bien formados hacen las maletas rumbo a Madrid, al País Vasco, a Cataluña o al extranjero. No porque quieran irse, sino porque aquí no encuentran vivienda asequible, empleo estable, una vivienda digna, ni un horizonte vital que les permita quedarse. Y lo más grave es que muchos de ellos no vuelven. En vísperas de unas elecciones autonómicas, conviene decirlo con claridad. El futuro de Castilla y León se juega, en buena medida, en dos frentes íntimamente ligados. El primero es...
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