El anuncio de prohibición del acceso a redes sociales a menores de 16 años me genera más dudas que certezas. Me sorprende la algarabía de ciertos padres porque les parece fenomenal que no se permita a los críos, a los suyos y a los de los demás, ese acceso a ciertos contenidos. Como si no fuesen capaces sin el auspicio externo de decidir por sí mismos qué es mejor o peor para sus retoños o, aún siendo capaces de decidirlo, no fueran capaces de llevarlo a cabo. ¿Necesitan que se prohíba el consumo de bollería industrial en chiquillos para prepararles un almuerzo sano? ¿El cierre de los kioskos (si es que queda alguno) para no alimentarlos a base de nubes...
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