Dejan su casa para irse a vivir a una cabaña en un árbol y el motivo te dejará sin palabras
Desde fuera, su casa de tres habitaciones en las afueras de Cheltenham, Reino Unido, parece tan normal como cualquiera de la calle. Pero Phil Campbell y Kathy Farmer, ambos de 65 años, llevan casi seis años durmiendo en una cabaña en un árbol situada al fondo de su jardín, un hábito que empezó como una solución improvisada durante la pandemia y que hoy se ha convertido en su forma de vida.
Todo comenzó en 2020, cuando la pareja escuchó que pasar más tiempo al aire libre podía ayudar a protegerse del virus. Colocaron una cama de camping en la caseta elevada y decidieron probar suerte. Lo que iba a ser una experiencia de unas semanas se convirtió en una rutina que no han abandonado. “Pensamos que quizá nos daría hipotermia, pero luego dijimos: qué más da”, recuerda Kathy entre risas.
Una historia de naturaleza, salud y una sorprendente transformación personal
Su dormitorio interior permanece prácticamente vacío: no hay cama, ni televisión, ni sofá. En cambio, cada noche encienden la chimenea, se sientan en el suelo para “cuidar la espalda”, charlan y escuchan música antes de que Phil baje al jardín para “precalentar” la cama. Kathy se une un rato después y ambos se duermen en cuestión de minutos, arrullados por el sonido del río y el viento entre los árboles.
La decisión de vivir al aire libre coincidió con un momento complicado para Phil, que había sido diagnosticado con policitemia vera, un tipo de cáncer de sangre. Comenzó a someterse a flebotomías terapéuticas mientras la pareja adoptaba un estilo de vida centrado en la respiración, la meditación y la terapia de agua fría.
Con el tiempo, las extracciones se fueron espaciando hasta que, según cuenta, los médicos le comunicaron que la enfermedad había desaparecido. “El cuerpo recibe lo que la mente cree”, afirma convencido.
Ambos aseguran que dormir bajo las estrellas les ha cambiado la vida: descansan mejor, tienen más energía y sienten que han dejado atrás el estrés cotidiano. Kathy lo describe como “unas mini vacaciones cada noche”. Incluso en invierno, con temperaturas de hasta –12 C, aseguran que no pasan frío gracias a la adaptación del cuerpo y a su peculiar refugio, decorado con luces y protegido por pieles de oveja.
Aunque su casa es amplia y cómoda, no tienen intención de volver al dormitorio tradicional. “Quizá algún día alguien nos obligue a ent-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------rar, pero de momento estamos encantados”, bromean.