El emprendimiento digital escribe la nueva partitura de la industria musical. Plataformas como Spotify marcaron el compás inicial de esta transformación, pero el sector asiste ahora a una proliferación de startups que actúan como el metrónomo que marca el pulso del cambio. Aunque las grandes discográficas conservan su rol como directores de la orquesta principal, ya no monopolizan el escenario por el surgimiento en los últimos años de un repertorio de empresas emergentes que tratan de ayudar a los artistas independientes a convertir su vocación en un modelo de ingresos recurrentes. España no es ajena al fenómeno y ya cuenta con un buen puñado de firmas que simplifican a los músicos sus tareas del día a día, sentando las bases para que crucen el abismo entre la creación y la rentabilidad. Eliseu Bellés, que toca varios instrumentos y tiene un grupo con amigos, se animó a montar su empresa cuando una tarde cualquiera quiso revisar los temas que había grabado y se dio cuenta de que «era un caos» y había material que no encontraba. «Le di vueltas a la posibilidad de ofrecer en un mismo lugar todas las herramientas para que los artistas compongan sus canciones y las organicen sin perder nada por el camino», dice. Contactó con su colega de la infancia Ferran Vidal, que sabía programar, y fundaron la app Zoundroom, que definen como «el hogar de la música en progreso», un espacio centralizado donde los artistas pueden grabar, etiquetar y estructurar sus ideas sin esfuerzo. La propuesta integra un asistente de inteligencia artificial para ayudar a los músicos durante el proceso creativo. «No busca reemplazarlos, sino facilitarles el trabajo», aclara Bellés, CEO de la startup. Conscientes de que una parte del colectivo es reticente al uso de esta tecnología por sus respuestas vagas y genéricas , recientemente han incorporado un breve cuestionario sobre la forma de ser y de crear de cada persona, lo que permite personalizar las respuestas. Desde hace un mes, la app dispone además de la función de compartir proyectos, lo que mejora el intercambio de impresiones entre los miembros de las bandas. «En lugar de hacerlo por WhatsApp, abren el audio y las reflejan en la sección de comentarios», detalla. La aplicación supera las 3.600 descargas y ronda los 3.000 registros. Monetiza mediante las suscripciones: los usuarios pueden utilizar la versión gratuita con un límite de archivos o suscribirse para obtener acceso total por 7,99 euros al mes o 49,99 euros anuales. Hasta ahora los cofundadores se han financiado con fondos propios, pero quieren lanzar una ronda para ampliar el equipo y potenciar el producto, ya que su competidor más fuerte, de Estados Unidos, ha captado 22 millones. La escasez de capital constituye precisamente una de las asimetrías del ecosistema nacional frente a referentes como el mercado norteamericano. Como expone Alexandre Perrin, profesor de industria de la música en Berklee Valencia y profesor invitado en EDEM Escuela de Empresarios, España presenta una situación de contrastes : empresas innovadoras pequeñas y con buenas ideas que, sin embargo, se enfrentan a la escasez de fondos, con volúmenes de inversión inferiores a los de otras geografías. Como iniciativa positiva, menciona Europa Creativa, un programa de la UE para el periodo 2021-2027 destinado a fortalecer los sectores culturales y creativos. El docente identifica tres grandes áreas en las que las startups musicales han encontrado un terreno fértil. En primer lugar, están aquellas centradas en apoyar el proceso de creación, donde se enmarca Zoundroom; en segundo, las orientadas a monetizar la relación con los fans y desarrollar una estrategia de marketing más eficiente. «Aunque no sea española, Laylo es un ejemplo que puede inspirar a otros emprendedores», apunta. Según consta en su web, la plataforma california es utilizada en la actualidad por más de 10.000 artistas. En tercer lugar, Perrin habla de las startups enfocadas a la trazabilidad de los derechos de autor. «En España tenemos una joya, la catalana BMAT, que ha trabajado con organizaciones como la SGAE para remunerar a los músicos», precisa. Otro desafío crítico de la industria es la proliferación de contenidos fraudulentos ('fakes') y la identificación de la legitimidad del tráfico, es decir, discernir si una reproducción es orgánica o proviene de una red de bots. «Apple Music sitúa el fraude en torno al 1%, pero las estimaciones totales sugieren que entre el 15-20% del total de reproducciones podrían ser artificiales, algo que perjudica al artista y degrada la experiencia del usuario», advierte. Y la tecnología se perfila como un aliado para perseguir esta lacra. Entre las tendencias que generan inquietud se incluyen las canciones creadas con IA y, en este sentido, el profesor menciona la plataforma de streaming francesa Deezer y su tecnología de detección de música generada por IA. Propuestas innovadoras para preservar la sostenibilidad económica de una industria amenazada por el ruido algorítmico. El objetivo de Clipbeat es conectar a músicos con oportunidades laborales para atajar un doble problema: la ausencia de un portal que reúna las ofertas de trabajo en este ámbito y el reto que supone para los empleadores localizar a los candidatos adecuados. «Tenemos una app donde los artistas construyen su perfil, visualizan las vacantes y aplican a las que les interesan. Por otro lado, hemos creado una plataforma para los negocios (hoteles, restaurantes, eventos) que cubre desde el descubrimiento del artista hasta la contratación. Son mundos separados, pero conectados tecnológicamente», explica Diego Guijarro, el CEO de la compañía, que suma 2.500 músicos en España . El grueso de los clientes corporativos se concentran en Madrid, Sevilla, Valencia, Baleares, Barcelona y Málaga. «Se puede inscribir tanto un local particular como cadenas y, en ese caso, la central puede supervisar desde un único punto la actividad de cada establecimiento, con lo que hay mayor agilidad y se reducen costes hasta un 30% frente a los métodos tradicionales», destaca como ventaja. El servicio tiene coste cero para los intérpretes y para las empresas existen varios planes: el gratuito, con el que pueden subir dos ofertas al mes, uno de pago que permite colgar hasta cuatro mensuales y la suscripción completa, ideal para quienes contratan varias actuaciones cada jornada. Sea cual sea la opción, la rapidez es un facto diferencial, como resalta el CEO. «Hace dos semanas, un hospital madrileño deseaba realizar un evento con música en directo en el Museo Thyssen, pero no conocía perfiles a los que llamar. Gracias a nuestra plataforma, descubrió una banda en solo dos días», ejemplifica. El emprendedor se muestra orgulloso de lo que, junto a su socio Francisco García y gracias al apoyo de Lanzadera, la aceleradora impulsada por Juan Roig, ha logrado hasta el momento sin financiación externa , a base de reinvertir las ganancias. «En septiembre éramos dos y ahora seis. A finales de año plantearemos una ronda para expandirnos por el país, sobre todo en el sector hotelero y eventos», adelanta. Aspiraciones de crecimiento sin olvidar su esencia, «que los negocio accedan a talento desconocido y el músico pase de tocar una vez al mes a 15 y pueda ganarse la vida con ello». Iñigo Quintero era un joven cantautor prácticamente desconocido hasta que su primer sencillo, 'Si no estás', llamó la atención de los oyentes y alcanzó el primer lugar de la lista global de Spotify . Detrás de su viralidad está Acqustic, que catapultó a la fama al gallego gracias a una sofisticada estrategia digital. «Desde que creamos el sello independiente en 2020, nuestro valor diferencial ha sido la forma de promocionar las canciones, muy centrada en Instagram, TikTok y YouTube», cuenta Esteve Lombarte, cofundador y CEO de la startup, que también ha contribuido a impulsar la carrera de bandas como Malmö 040 o Besmaya. «Arrancaron de la nada y tienen cada uno un millón de oyentes musicales», subraya el emprendedor. El proyecto, que echó a rodar en 2017, comenzó con una filosofía diferente a la actual: brindaban a las personas la posibilidad de contratar actuaciones musicales en casa y luego organizaban conciertos secretos (los asistentes sabían los detalles 24 horas antes). Un año después, evolucionaron hacia una app para que los artistas distribuyeran su música en playlists y accedieran a oportunidades de conciertos. «Tuvimos la primera sorpresa con Guitarricadelafuente , al que le empezó a ir muy bien y fichó por Sony Music. Ahí nos dimos cuenta de que teníamos que dar una vuelta a nuestro modelo y creamos el sello independiente», rememora Lombarte. Les quisieron comprar varias multinacionales, pero optaron por seguir independientes y han seducido a músicos consolidados. «Siempre habíamos hecho desarrollo de artistas y ahora hemos firmado a Taburete y Pignoise gracias a nuestro modelo de trabajo». Sus contratos proporcionan un reparto más equitativo, ya que el artista tiene entre un 40-50% del royalty. El año pasado fueron la discográfica independiente número uno en España y la cuarta en el mercado general de nuestro país, según Chartmetric. «A final de 2025 cerramos una ampliación de capital con distintos family offices y acabamos con cerca de 4,5 millones de facturación», dice Lombarte. Sabia renovada para seguir reescribiendo las reglas de una industria que, gracias a proyectos como el suyo, conquista a una generación de músicos que ya no sueñan con las multinacionales, sino con ser dueños de su destino. Tocar un instrumento con maestría ocupa un lugar preferente en miles y miles de listas de deseos, pero la disciplina del ensayo suele chocar con un muro invisible: el riesgo de molestar a los demás. Es lo que le pasó a Ramón Mañas, cuando allá por 2016 compartía piso en Berlín y limitaba el tiempo dedicado al saxofón para no ser la peor pesadilla de sus compañeros y vecinos. En sus viajes constantes a Barcelona, donde residía su familia, tampoco viajaba con su 'fiel compañero' por el peso, así que, como Ingeniero de Diseño Industrial, pensó en un saxo de bolsillo que se conectase a auriculares para practicar en silencio en cualquier sitio. Tres años después, se hizo realidad. Su proyecto triunfó en Explorer, un programa de emprendimiento de Banco Santander gracias al que viajó a Silicon Valley, y en paralelo consiguió 100.000 dólares en un mes en una plataforma de crowdfunding. Mañas renunció a un trabajo en HP para volcarse en Odisei Music y su saxofón electrónico Travel Sex, de apenas 400 gramos. La decisión fue acertada. «Empezamos dos personas y ahora somos 19. Desde el primer año hemos sido rentables y hemos doblado la facturación curso tras curso. Vendemos en más de 54 países y el año pasado llegamos a las 2.800 unidades», comenta el fundador. La empresa acaba de añadir otro producto a su portfolio, Travel Clarinet, con las mismas ventajas del saxofón. Además, ha presentado una app para aprender a tocar estos instrumentos con técnicas de gamificación . «La aplicación es más escalable que el hardware, por lo que estamos centrados en validarla y alcanzar buenas métricas», asegura. Quienes compren el instrumento pueden acceder gratis al primer curso y si quieren disfrutar de los siguientes pagar una suscripción. Soluciones para que los apasionados de la música pulan sus habilidades de forma fácil y cómoda. Un denominador común de muchas startups es que han sido fundadas por músicos, que emprenden para resolver puntos de dolor que han experimentado, de ahí que Alexandre Perrin reflexione sobre la formación: «Los conservatorios tendrían que enseñar conocimientos básicos sobre creación de empresas porque los artistas suelen asustarse ante un Excel o un plan de desarrollo de negocio». Por ello, defiende las alianzas entre las instituciones de música y las escuelas de negocios.