La vitamina C corre a chorros por las calles de mi barrio. El jugo segregado por las naranjas caídas de los árboles que las ruedas de los coches machacaron se ha mezclado con el agua de la lluvia y fluye a través de caudalosos riachuelos hasta precipitarse en las tenebrosas fauces de los husillos. Allá abajo, las cucarachas y ratas de las alcantarillas reciben con jolgorio la cítrica inundación y, sobre todo, el aporte de artillería molecular que ésta brinda a sus defensas, gracias al cual podrán hacer frente a los catarros primaverales en las mejores condiciones y desarrollarse sanas y fuertes. No cabe duda de que esta perspectiva, asaz inquietante, ya debe de haber sido calculada por quien corresponda,...
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