EE. UU. almacena a los inmigrantes
La administración de Donald Trump tiene un perverso y denigrante plan que ya está en vigor desde el pasado año y en este 2026 se expandirá aún más. Lo ejecuta el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE): convertir almacenes comerciales en centros de detención, que se unirán a los ya establecidos en bases militares hasta abarcar todo el territorio de Estados Unidos.
Las informaciones de diversos medios estadounidenses son explícitas, el ICE ya ha comprado o está en esas gestiones de adquirir una docena de edificios comerciales o grandes almacenes desde diciembre, lo que incrementaría aún más los 212 centros de detención de inmigrantes con que comenzó 2026.
Esas adquisiciones se ubican en estados como Texas, Mississippi, Nueva York y Oregón, afirmaba un reciente reportaje de USA Today que también daba cuenta de la oposición que la práctica encuentra entre los residentes y hasta políticos en las localidades escogidas para el proyecto.
ABC News ha informado de algunas de esas transacciones millonarias, negocio redondo para empresas privadas. una instalación cerca de Phoenix, Arizona, adquirida por 70 millones de dólares; otra en un condado al norte de Baltimore, Maryland, por 102,4 millones de dólares; y la del condado de Berks, Pensilvania, por 87,4 millones de dólares.
Las ampliadas «necesidades» del cuerpo represivo que ya se le llama la Gestapo de Trump, y cuya violencia en las detenciones y represión de las protestas ha provocado más de una muerte, «se justifican», son miles los arrestos, el cautiverio y las deportaciones de hombres, mujeres y niños, incluso algunos nacidos en Estados Unidos, o con largos años de permanencia y de trabajo en ese país.
Racismo y xenofobia del trumpismo les condena ahora y un portavoz del ICE definía con tanta frialdad como sus siglas de «Hielo»: «No debería ser noticia que el ICE realizará arrestos en estados de todo Estados Unidos y está trabajando activamente para ampliar el espacio de detención». Estas cifras están en los registros de esa institución: En enero de 2025, había 107 centros de detención que albergaban a inmigrantes. Para finales de año, llegaba a 212 e incluyen prisiones privadas, cárceles de condados, prisiones estatales e instalaciones temporales de tiendas de campaña en bases militares. Ahora se les agregan los almacenes.
En todas, los inmigrantes no son personas, son cosas desechables. El director interino del ICE, Todd Lyons, lo definió el año pasado en un evento de seguridad fronteriza en el estado de Arizona, según USA Today: «Necesitamos mejorar en el trato de esto como un negocio», y hasta añadió que quería ver un proceso de deportación similar al de mercancías «como el de Amazon Prime, pero con seres humanos».
Tenga en cuenta que en algunos de esos almacenes encerrarán hasta a 8 000 inmigrantes, supuestamente indocumentados; por tanto, no es difícil imaginar el hacinamiento y condiciones inhumanas, abusos físicos y hasta sexuales, desidias médicas y alimentación inadecuada a
las que serán expuestos, tal y como han encontrado en algunos de esos campos de concentración, reflejadas en un informe de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU).
Basta con recordar el homicidio, al ser brutalizado por asfixia, del inmigrante cubano Geraldo Lunas Campos en el campo de la base militar de Fort Bliss, en Texas, donde suman tres las muertes similares en apenas dos meses, y los asesinatos a mansalva de los ciudadanos estadounidenses Renee Nicole Good y Alex Pretti en Minneapolis, en enero de este año.
Premio al eficiente ICE
Esa «eficiencia» del ICE requiere recompensa. Trump solicitó un presupuesto base para el año 2026 de 11 300 millones de dólares, y una ley de 2025 prevé 75 000 millones de dólares en financiación suplementaria distribuida en cuatro años. En total, el ICE tendrá acceso a unos 85 000 millones de dólares, gracias a la One Big Beautiful Bill (Una Ley Grande y Hermosa) de Donald Trump.
Un análisis de la organización American Inmigration Council sobre la expansión de los centros de detención de inmigrantes en el segundo mandato de Trump, afirma que cuando asumió había unos
40 000 inmigrantes detenidos y a comienzos de diciembre ya contaban 66 000 personas, en un sistema con más de 70 000 capacidades.
Sin embargo, señalaba ese Consejo de Inmigración, «esto es solo el comienzo para la administración Trump, que, según planes filtrados, originalmente esperaba tener casi 108 000 camas en centros de detención de inmigrantes disponibles en línea para enero de 2026».
Resulta esta una meta ambiciosa que «explica» el interés de adquirir los almacenes para encerrar a los miles de migrantes atrapados en las diarias redadas, y encerrarlos en cárceles remotas y prisiones privadas, donde —añade un informe del American Inmigration Council—, el ICE puede ejercer una presión cada vez mayor sobre los encarcelados para que se rindan, acepten la deportación y renuncien a cualquier posibilidad de permanecer en Estados Unidos», sistema que «ahora está en camino de rivalizar con todo el sistema penitenciario federal para el final del segundo mandato del presidente Trump».
Este siniestro plan antinmigrante, racista y xenófobo, que intenta «blanquear» a EE. UU., se ha convertido en una prioridad del equipo de multimillonarios y nacionalistas blancos, o lo que es lo mismo, los intencionados en empoderar al fascismo en ese país.
De manera que la aplicación de esta masiva represión por parte de las fuerzas del orden federales, de agencias tan diversas como el ICE, la Patrulla
Fronteriza, el FBI y el IRS aumentaron los arrestos en 600 por ciento, tan solo en los primeros nueves meses del «desgobierno» de Trump.
Preocupa que durante las operaciones de control selectivo en lugares de trabajo, patrullajes itinerantes y arrestos colaterales de inmigrantes que asistían diligentemente a las audiencias judiciales y registros oficiales, detenidos nuevamente sin previo aviso, se ha acrecentado en 2 450 por ciento el número de personas sin antecedentes penales detenidas por el ICE en un día determinado, apunta también el informe del Consejo.
Ello corresponde a la orden dada al ICE el pasado 20 de enero: maximizar las detenciones y hasta prohibir procedimientos legales como que los jueces de inmigración liberen bajo fianza a grandes grupos de inmigrantes, mantenidos en detención obligatoria.
La administración Trump ha eliminado tres subagencias de supervisión migratoria y ha prohibido a los miembros del Congreso realizar inspecciones legales; por tanto, el sistema de detención y los abusos endémicos que lo caracterizan están más ocultos que nunca y se incrementan las deportaciones rápidas, incluso separando familias.
¿Qué puede estar ocurriendo en esos campos de concentración? Un reportaje de abc.net detallaba que el abogado Eric Lee esperaba para atender a un cliente en el centro de detención familiar de Dilley, en Texas, cuando de repente, los guardias irrumpieron y ordenaron a todos los visitantes que se marcharan y Lee, fuera del perímetro de alambre de púas, vio a cientos de detenidos con chaquetas de colores protestando: «¡Déjennos salir, déjennos salir!», cuando hay informes de alimentos contaminados, hacinamiento y
negligencia médica en esa instalación.
Allí están atrapadas miles de familias y muchos niños, incluyendo a Liam Conejo Ramos, de cinco años, quien fue liberado recientemente del centro tras la indignación nacional por su arresto junto a su padre en la entrada de su casa en Minneapolis.
Trump, a quien mucho le interesa ser recordado por su actuación presidencial, puede añadir a ese currículo ser el destrozador de vidas y del más que iluso «sueño americano».