Una obra de emancipación cultural
Biografía de un cimarrón, del narrador, poeta y etnólogo cubano Miguel Barnet cumple 60 años de publicada. Es un privilegio que su autor esté aún con nosotros para esta ocasión tan relevante. Barnet, precursor de la novela-testimonio ha contribuido desde la construcción de sus personajes, a revisitar la memoria histórica y sociocultural de Cuba. La perspectiva de los marginados, de la llamada gente «sin historia» está presente en toda su obra y en la misma se aprecia la transfiguración de sus protagónicos en sujetos subalternos con voz propia.
Cuando se editó Cimarrón —en la segunda mitad de la década del sesenta del siglo XX— aún no había sido conceptualizada esta nueva noción de la literatura latinoamericana como enunció el teórico colombiano Carlos Rincón al referirse al autor y al resultado de su obra.
La integración de los diversos discursos históricos, culturales y literarios, enriquece la esencia sustanciosa que radica en lo más profundo de una cosmovisión traducida en narrativa. Esta premisa le confiere una intertextualidad a la novela que la conecta con otros referentes literarios del continente y manifiesta el compromiso ético e intelectual para denunciar injusticias y realidades sociales.
En la propuesta teórico-metodológica de Miguel Barnet, presente en toda su producción literaria, es fundamental la individualidad, expresada en un monólogo lineal que conduce a la universalización del fenómeno. Persiguió un propósito superior al de documentar una época; emitió sus propios juicios y tomó posición frente a sus informantes. Según afirmó, el gestor de esta forma literaria «tiene que establecer un diálogo con su tiempo, funcionar integralmente sin traicionar el hecho histórico ni la sustancia y entonación del lenguaje del protagonista».
Desde su publicación, la obra tuvo una recepción diversa que incluyó desde críticas severas hasta elogios que la catapultaron a la fama universal, una expresión de ello son las 90 ediciones y 35 traducciones a varios idiomas y lenguas. Basta recordar las aseveraciones de figuras tan señeras como el novelista cubano Alejo Carpentier cuando apunta en 1966 que:
«Miguel Barnet, en uso alternado del cuaderno de apuntes y de la cinta magnética, ha reconstruido una vida tan rica en experiencias significativas que nos confunde pensar que, sin la labor del investigador, hubiese podido perderse […] Del monólogo de Esteban Montejo se podría extraer todo un refranero ―valga decir: toda una literatura gnómica―. Su regreso al mundo de la esclavitud abolida, después de la cimarronada, para encontrar nuevos métodos de explotación del «hombre libre», está marcado por una melancolía que mucho significa ―aunque el narrador nunca engole la voz ni levante el tono―».
La originalidad está también en los datos sobre sucesos y épocas proporcionados por el personaje, en condición de testigo e intérprete de la historia. El personaje de Esteban Montejo se convierte, entonces, en un símbolo de rebeldía y conocimiento sobre la opresión del pasado y desde esa singularidad Cimarrón se convierte en una obra de emancipación cultural. Y el mismo personaje en un héroe nacional en medio de una sociedad esclavista y colonizada.
Sobre esos ítems, el narrador e intelectual cubano Abel Prieto Jiménez ratifica que la obra sitúa al lector en «una zona de cubanía» despreciada y rechazada por el pensamiento cultural hegemónico, imperante desde los tiempos de la colonia. De ahí que apunte: «(…) redescubrimos una cosmología que —como decía Lezama— rebaza «la casualidad aristotélica» para revelarnos conexiones que Occidente ignora y hasta fórmulas de entenderse a sí mismo y a su entorno practicadas por el cubano desde que dejó de ser «criollo» para ser otra cosa». Así, Cimarrón adquiere un carácter descolonizador desde su propia esencia.
Hurgar en el pasado, recuperarlo y revivirlo
Durante las sesiones de homenaje en Casa de las Américas, el escritor cubano Eduardo Heras León consideró el libro como «una obra maestra, entre las más sobresalientes, leídas y estudiadas por las academias europeas, norteamericanas y latinoamericanas; así como un clásico de la literatura cubana de la segunda mitad del siglo XX».
Biografía de un cimarrón implica la asunción de un lenguaje nuevo; el del testimoniante en fusión con el autor, lo que explica que no es una autobiografía. Estos elementos enunciados por Barnet conceden a la novela una mayor dimensión: el diálogo abre las puertas a un monólogo profundo y cargado de información que ubica al lector en cada una de las épocas vividas por el personaje.
Cabe aquí destacar la resiliencia como motivo en la obra; de ahí la elección del título, Biografía de un cimarrón, el cual evoca la actitud transgresora, de rebeldía, que tributa a una configuración auténtica del protagonista. Se manifiesta la idea del cimarronaje (en la cultura transdiciplinaria: socio-política, antropológica, sociológica y etnológica).
Los pasajes del texto sobre la Guerra de Independencia y la vida durante la contienda, proyectan las implicaciones no solo para el destino individual, sino para la colectividad. La secuencia temporaria esclavo-cimarrón-liberto-ciudadano atestigua la evolución de un individuo subalterno, así como la continuidad del contrapunteo opresión-resistencia en su dimensión social.
Lo distintivo en Esteban Montejo radica en la manera de narrar los hechos. A través de su discurso se advierten descripciones majestuosas de la naturaleza, de la riqueza y la diversidad de animales y plantas y sus diálogos con el personaje. Es el hombre identificado plenamente con la naturaleza, flora y fauna, ríos y montañas. Ocurre de igual modo con la religión. El personaje muestra sin prejuicio alguno el proceso histórico legítimo de la nación.
Negro, criollo, cimarrón, mambí, obrero y patriota, validan la estirpe de la cubanía frente al poder hegemónico. En ese bregar es trascendente el empleo de la oralidad, de factores como las creencias, los espacios íntimos y los sociales, las contradicciones internas, los encuentros y los desencuentros de una cultura propia que se enriquecía al unísono con una identidad plural, sin dejar a un lado lo autorreferencial.
La novelística testimonial de Barnet reivindica lo subalterno como portador de justicia social. Cuestiona, además, no solo los estereotipos étnicos, culturales y sociales, sino que reelabora varios conceptos propios de la literatura: el testimonio, los vínculos ficción-realidad y la cultura el lenguaje en la acertada configuración individual, la cual expresa la cosmovisión del grupo subalterno al que pertenece el héroe. El personaje cubre con naturalidad el plano individual y el colectivo, por medio de estrategias propias de la investigación, de corte antropológico, etnográfico y fiel al método de historia de vidas.
La cuestión de la perspectiva histórica, signada por su carácter científico a la hora de interpretar la confluencia de dos migraciones trascendentales en la formación de la identidad cubana: la africana, gestada e implementada en los siglos coloniales, y la española, durante la república neocolonial.
Consecuente con su formación, Barnet, da un novedoso y fundamentado enfoque, ausente de la novelística cubana a lo largo de siglos de coloniaje en Cuba. Ha hecho fluir una reinterpretación de la Historia. Por ello resulta tan válida su pretensión permanente de hurgar en el pasado, recuperarlo y revivirlo a partir de sujetos anónimos y olvidados.
Biografía de un cimarrón es un tránsito por un repertorio que atesora no poco de la genealogía de la cubanidad, esgrimida desde las coordenadas culturales e históricas de una época. Y, a su vez, dota de una loable comprensión el presente histórico. Esta obra, en mi opinión, es de obligatorio estudio en la narrativa del pensamiento cubano, caribeño y continental, cuando de debate poscolonial se hable.