Las ventas de antidepresivos en Rusia se disparan por la guerra de Ucrania
Rusia vendió 16,1 millones de paquetes de antidepresivos entre enero y noviembre de 2024, superando los 15,3 millones de todo 2023 y los 13 millones de 2022, según ha señalado The Moscow Times. Estos datos confirman un aumento sostenido del consumo desde el inicio de la invasión de Ucrania en febrero de 2022, un contexto que ha marcado profundamente la salud mental de la población.
Parte del incremento se debe a un cambio en la prescripción médica, ya que los doctores rusos están sustituyendo sedantes y tranquilizantes de la era soviética —cuya eficacia no está científicamente demostrada— por antidepresivos modernos. Entre enero y noviembre de 2024, los rusos gastaron 13,5 mil millones de rublos (unos 114,2 millones de euros) en este tipo de fármacos, lo que supone un 31,9 % más que en el mismo periodo de 2023, según datos oficiales citados por The Moscow Times.
Los tres antidepresivos más populares en Rusia son amitriptilina, fluoxetina y Zoloft. Este último registró un crecimiento especialmente llamativo: sus ventas aumentaron un 300 %, hasta alcanzar 1,7 millones de paquetes en 2024, tras volver a las farmacias rusas después de interrupciones causadas por las sanciones occidentales.
Las farmacias rusas continúan sufriendo escasez de antidepresivos, provocada por la combinación de una demanda creciente y las sanciones de EE. UU. y la UE, que han afectado al suministro de medicamentos y dispositivos médicos. En el primer semestre de 2025, las ventas de ansiolíticos crecieron un 10 %, superando los 9,3 millones de paquetes, según los mismos registros.
Según señaló Ukrinform, a partir de datos del Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania, a finales de 2023 había 15 millones de personas con depresión en Rusia, aproximadamente el 10 % de la población, y 4 millones registradas en servicios psiquiátricos, dos tercios de ellas con trastornos de ansiedad o depresión. Además, los servicios médicos han detectado un aumento de consultas por depresión, ataques de pánico e insomnio, en un contexto marcado por el registro de reservistas y el envío masivo de notificaciones de inclusión, incluso a mujeres sanitarias, adolescentes y personas con aptitud limitada.