El recorrido habitual por la colección permanente del MEIAC se ve súbitamente alterado por una imagen inesperada: una hilera de sandalias realizadas en cerámica irrumpe con exquisitez en el tránsito entre obras de Francis Alÿs, Ray Smith o Los Carpinteros. Su presencia, brillante y seductora, actúa como un gesto de desvío dentro del dispositivo museográfico. Los logotipos de Gucci, Adidas o Louis Vuitton, esmaltados hasta resplandecer, funcionan como signos de reconocimiento inmediato, pero también como síntomas de una economía del deseo que atraviesa la cultura contemporánea. Estas piezas, dispuestas como migas de pan, no solo guían al espectador hacia la sala expositiva, sino que lo introducen en un campo de tensiones donde lo artesanal y lo industrial, lo precario y...
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