Las líneas y las estrellas de María Reiche, por Eduardo González Viaña
-Debe de ser una bruja que ha venido volando desde Salem ―dijo Janet al descubrir que María Reiche estaba limpiando el terreno del desierto provista de una escoba.
Pepe Castro, su esposo, replicó:
-Parece más bien una gringa loca. Y pronto se irá.
No se fue. María Reiche (1903-1998) vino al Perú desde Alemania en 1932, luego de aceptar un puesto como institutriz de los hijos del cónsul alemán en el Cusco.
Allí, prácticamente, María se envenenó del Perú y ya no quiso dejar lo que consideraba el destino de su vida. Pasó luego a Lima, donde trabajaría como profesora de inglés y alemán, así como restauradora de textiles precolombinos.
No tan solo eso. Su interés por la arqueología peruana se incrementó a medida que hacía traducciones para Julio C. Tello y para Paul Kosok.
Con esas lecturas, se enteró de la existencia de las gigantescas líneas y figuras que se hallan en Nazca y que abarcan un área de 450 kilómetros cuadrados.
María era graduada en matemáticas, física y geografía. Estos conocimientos se juntaron a su vocación por la geología y le dieron impulso a su paulatino trabajo en las pampas.
“El misterio del desierto”, como ella lo llamaba, la hizo trabajar en setenta figuras colosales y en más de diez mil líneas. Allí, día tras día y durante varias décadas, precisó descripciones y formuló conjeturas acerca de lo que, a la vez, todos y nadie habían visto o podían ver.
Según María, las figuras que ella descubrió forman parte de un sistema astronómico que permitió a los agricultores prehispánicos emprender una planificación de sus siembras y cosechas. Y más todavía: sus investigaciones la llevaron a precisar que aquel era el calendario astronómico más grande del mundo
Por si alguien quiera continuar el trabajo de la científica, le ofrecemos el sistema, al parecer muy simple, tal cual ella lo describía a propios y extraños para describir el pase de un solsticio a un equinoccio:
“Si uno se para en la cabeza de la figura del alcatraz durante una mañana del 20 al 23 de junio y sigue con la mirada la dirección del pico, podrá observar con nitidez la salida del sol…”.
Acabamos de conocer el cuarto donde habitó durante décadas. Está provista de un catre, una batea, una mesa de comer y otra de trabajo y, por fin, una cocina de kerosene. Desde allí se dirigía cada mañana a su extenso centro de trabajo, el desierto de Nazca.
Felizmente, su hermana Renata la acompañó durante algunos años y le dejó en herencia un impaciente Volkswagen.
Mientras observábamos el museo de sitio, que muestra y hace imaginar su manera de vivir, una turista española nos dijo:
-Todo en ella era austeridad. La austeridad es el mejor camino hacia la grandeza.
Las líneas y figuras de aquel desierto provienen de una época que va desde el año 200 a.C. hasta el 700, periodo que pertenece a la cultura Nazca. Reiche demostraría los bienes y excelencias de una civilización que vencía al desierto y sembraba, al mismo tiempo que rendía culto a las asombrosas divinidades que pueblan sus cielos.
Los trabajos de María Reiche han atraído la atención del mundo sobre Nazca y las líneas son ahora consideradas patrimonio de la humanidad.
De otro lado, decenas de miles de turistas visitan la ciudad que se ha, literalmente, transformado. Varias compañías aéreas ofrecen sus servicios a los viajeros. Los aviones son por lo general de una hélice y tienen capacidad para llevar a seis pasajeros en cada vuelo.
Una viajera algo asustada por los ascensos rápidos y picadas que había experimentado durante los treinta minutos del vuelo, declaró:
-Evidentemente, la señora Reiche no voló en estos aparatos.
Si bien los cálculos de Reiche fueron inicialmente hechos en tierra, el apoyo de la FAP fue, después, muy eficaz e importante para su tarea.
Un periodista que la entrevistó en los años 80, y quería hacer lo que él llamaba un retrato humano de la científica, le preguntó:
-¿Se ha enamorado usted alguna vez?
Ella contestó:
-Una persona tiene que estar algo loca para enamorarse. Mi locura me ha llevado por los cielos.
Anoche, mirando los dibujos de la pampa y más tarde las estrellas del desierto, ese periodista entendió. O tal vez no entendió nada, y pensó que la dama estaba elaborando una nueva teoría del amor.