« Estamos agotados, dormimos porque el cuerpo se rinde «, asegura una vecina de la calle Entretorres de Talavera de la Reina, en la zona inundada por la crecida del arroyo de La Portiña. Desde hace 8 días, concretamente desde el miércoles 4 de febrero, conviven con el agua, con una altura de un metro, en los sótanos de sus viviendas, y el enorme ruido de motores para sacarlo y motobombas de los servicios de emergencia que continúan trabajando sin descanso. «El primer día empezó a subir el agua en el sótano, l legamos a tener metro y medio de altura , todo está estropeado ahí, en el cuarto de estar y en la cocina. Luego el resto de días unas veces bajaba un poquito, y nos animábamos, y luego comenzaba otra vez a subir y gracias a que tenemos sacos de arena no se ha anegado el garaje«, confiesa Rosi Duque, muy desanimada por cómo pasan los días y nada cambia. Según esta afectada, entre las 7:30 y las 8:00 de este miércoles, el nivel del agua había descendido y parecía que iba a vaciarse la calle, pero a las 9:30 horas a comenzado a subir de nuevo. Lo llamativo es que la calle no necesita estar inundada para que el interior de los garajes y viviendas empiece a llenarse de agua, que emerge desde el subsuelo, empujada por la presión del cauce del arroyo de La Portiña que discurre oculto bajo el pavimento. A Rosi la entrada masiva de agua le ha movido hacía arriba el tanque del gasoil con capacidad para 3.000 litros, y cuando fue bajando el nivel el depósito cayó al fondo. «Tengo todo estropeado, un congelador, armarios, lavavajillas, televisión, la caldera, el depósito...calculo que los daños ascienden a unos 15.000 euros», afirma y verbaliza una sospecha: «Estamos pensando que esto ha sido un atasco, porque limpiaron hace unos 15 días el cauce del arroyo y dejaron ahí las cañas, que ahora han sido arrastradas y han taponado uno de los colectores; llevo 60 años viviendo en esta calle y jamás había visto nada así». Esta intuición, que Aqualia y el Ayuntamiento de Talavera de la Reina niegan, la confirma también otra vecina de la calle Hilanderas, María José Ramírez. «Somos 56 viviendas unifamiliares y nos ha entrado agua a todas; llevo 28 años en esta casa y nunca me había sucedido», y asegura que de los dos colectores que se construyeron en torno al año 1940, uno traga y el otro sube la tapa para arriba «y sale de todo menos agua». Tiene la misma impresión que Rosi Duque, a veces nota una ligera mejoría, pero luego vuelve a subir en la calle y entra de nuevo en las viviendas. El agua se filtra por todos lados, sale de entre las llagas o juntas de baldosas, por el techo del sótano, al mismo nivel del arroyo, y la fuerza del agua es impresionante. « Es un circuito de agua que entra y sale, temo por la cimentación de la casa «, dice María José. Las dos vecinas agradecen la labor de los bomberos, que no han parado desde el primer día, y también la de los vigilantes que les ha proporcionado el ayuntamiento tras solicitarlo porque duermen con las puertas abiertas para que salgan los tubos del agua. «Madre mía, vengo de un garaje en la plaza de Aravaca y parece una piscina olímpica «, confirma María José que le ha dicho un bombero este miércoles, a una semana de cuando empezaron los problemas.