«¡Buff!». Es el resoplido que sale casi de forma unánime de la boca de los agricultores cuando se les pregunta por los efectos del tren de borrascas sobre sus campos . Con la vista apuntando al cielo y la mirada puesta en unas tierras anegadas en las que «como poco», y siendo «muy optimistas», deberán pasar al menos «entre quince y veinte días» para poder entrar. Y eso siempre y cuando las lluvias cesen, el tiempo acompañe y «oree» -el viento «es lo que más seca», precisan- unas parcelas que en algunos casos son como piscinas. Y todo sin saber aún cuándo podrán empezar a ver los efectos, en lo que ya coinciden casi nada más arrancar 2026 es que...
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