En un mundo abatido, hay que animarse
Es cierto que quien espera, puede caer en la desesperación; pero siempre es mejor viajar lleno de sueños, aunque sea un riesgo que hemos de correr, que caminar sin ansia, pues sería como morirse en espíritu. Lo sustancial radica en activar los latidos, convirtiendo el pulso en una comunión de sinceros abrazos, para poder transformar las ofensas en clemencia, el sufrimiento en consolación y los sanos propósitos de perseverancia en obras caritativas.