Julio Manrique revisita a Jezz Butterworth (Londres, 1969) seis años después de dirigir ' Jerusalem ' en el Teatro Romea. Y se pone nada menos que con ' El barquer ' ('The Ferryman'). Ahí es nada. Una representación de tres horas y media con diecinueve intérpretes en el escenario. Un texto multipremiado: Evening Standard, Círculo de Críticos de Teatro, Laurence Olivier, cuatro tonys… La mayor recaudación del Royal Court de Londres cuando Sam Mendes estrenó la pieza en 2017. 'El barquero' de Butterworth atraviesa el conflicto del Ulster un día de 1981 en el condado de Armagh como Caronte la Laguna Estigia. Quinn Carney y su esposa Mary festejan el 'Día de la Cosecha' con su numerosa familia de siete hijos, el tío Patrick y Pat, la tía Maggie, Caitlin, cuñada de Quinn y su hijo Osin. Falta Seamus, el marido de Caitlin 'desaparecido' en 1971… Hasta que, una década después, aflora su cadáver con un tiro en la cabeza. El hallazgo coincide con la huelga de hambre de diez presos del IRA liderados por Bobby Sands ante la negativa de Margaret Thatcher de reconocerles el estatus de prisioneros de guerra. Revivir el pasado que los Carney anestesiaban y solo recordaba la tía Pat aúna el conflicto colectivo y el familiar. Manrique mueve con maestría los peones condenados por la tragedia de esta obra en la mejor tradición de Arthur Miller . El cacique que silencia las circunstancias del asesinato de Seamus; el sacerdote que colabora en la dosificación informativa; la relación conyugal de Quinn y Mary, perturbada por la presencia de la atractiva cuñada; la venganza que invocan la tía Pat y el chulesco Shane; la memoria que encarnan el tío Pat y la tía Maggie… La escenografía de Lluc Castells consigue que la casa de los Carney alterne el realismo de la vida rural con la invocación de los espíritus ancestrales: la tía Maggie rompe un silencio aparente para anunciar la irrupción de la violencia. Veinticuatro horas después de brindar en la festividad de la vida, el barquero Caronte aguarda a la familia Carney, trasunto de lo que fue la guerra del Ulster. Manrique ha sabido culminar en el escenario la trágica travesía.