Frankenstein ayer se enfrentaba a su némesis: la Constitución de 1978, que ya es la Carta Magna más duradera en la Historia de España. En el día de le celebración se le vieron las costuras al monstruo. El plantón de los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos ha cumplimentado la farsa que agitan desde hace décadas, con su papel impostado de víctimas de un Estado al que imputan falta de legitimidad democrática de origen. La tropa de Galeusca ahí sigue con la boina de su nacionalismo de campanario calada hasta el entrecejo, aunque blanqueada por la izquierda que le ha comprado ese relato. Así que medio Frankenstein estaba ayer fuera del Congreso, y cuarto y mitad dentro a regañadientes. Los podemitas...
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