Baile de máscaras
En 1741 legaba a Europa Clara, un rinoceronte que había sido adoptado por Jan Albert Sichterman, director de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en Bengala cuando unos cazadores mataron a su madre, domesticada y vendida en 1740 al capitán Douwe Mout van der Meer quien la llevaría a Europa organizando una gira por diferentes ciudades. Clara llegó a pasar cinco meses en la reserva real de Versalles y fue pintada en 1751 por Pietro Longhi como una de las atracciones del carnaval de Venecia de ese año . A la exhibición veneciana acudieron hombres, algunos enmascarados que ocultan su rostro con una máscara blanca y también mujeres con una máscara negra capaz de anular por completo su identidad.
Las máscaras blancas son asociadas en nuestro tiempo al carnaval de Venecia, posiblemente influenciados por el uso que han hecho de ella múltiples galanes que han representado a Giacomo Casanova (1725-1798), desde Vitorio Gasamman en 1948 a Heath Ledger en 2005, en el celuloide. Casanova en sus correrías era representado con una máscara blanca en la que se marcaba la nariz y los ojos con ausencia de boca sustituida por una prolongación hasta la barbilla.
Este tipo de máscara recibe el nombre de bauta palabra cuyo origen no tiene una interpretación consensuada, podía provenir del alemán, behüten, proteger, así como de la palabra italiana babau, monstruo o bestia malvada utilizada por los adultos para asustar a los niños. Su forma permitía comer e incluso beber sin necesidad de ser retirada y lo más importante, permitía adulterar la voz, hecho que protegía el anonimato de su portador. Más allá del carnaval este tipo de máscara se utilizó en los salones y en las calles de la República de Venecia durante los siglos XVII y XVIII.
Todos la usaban, príncipes y nobles, para pasar desapercibidos en salones y casinos; desfavorecidos que se codeaban con gente de la alta sociedad con la esperanza de cambiar su destino; mujeres, que bajo la máscara podían disfrutar de lo que sólo estaba reservado a los hombres con la seguridad de estar protegidas. La bauta se acompañaba de otros accesorios para proteger el anonimato: una mantilla de encaje llamada zendale que enmarcaba la forma de la cara y la mitad del torso; una larga capa hasta los tobillos, el tabarro, para disimular las formas del cuerpo, fabricada en terciopelo o satén y un sombrero de tres picos llamado tricornio que ocultaba totalmente el cabello para que no se reconociese ni un solo pelo de su portador.
El uso de la bauta estaba permitido durante gran parte del año, desde el inicio de carnaval hasta el día de san Marcos, el 25 de abril; el día de la Ascensión , conocido en Venecia como fiesta del Sensa, que representa el poderío de la República de Venecia sobre el mar, desde el tratado de paz firmado en 1177 por el papa Alejandro III y el emperador Federico Barbarroja que puso fin al conflicto Papado-Imperio en presencia del dux Sebastiano Ziani; así como en durante las elecciones del Dux. Individuos concretos por su especial condición debían llevar la bauta, como los magistrados que emitían sentencias de gran importancia política manteniendo la limpieza en los procesos sin recibir presiones; los nobles, al recibir a diplomáticos extranjeros; o en los matrimonios de lo hijos del Dux de Venecia. Las mujeres casadas estaban obligadas a cubrir su rostro para asistir a las representaciones, mientras que para las solteras no era obligatorio.
Dispositivos sociales
La máscara debía llevarse siempre en los casinos, conocidos en Venecia como ridotti, habitaciones en palacios de tamaño reducido donde los venecianos acudían para practicar juegos de azar, cerrar tratos políticos o incluso tener encuentros amorosos ya que había puertas secretas camufladas en las paredes. El primer ridotto se abrió en un ala del Palacio Dandolo en 1638, llegando a existir 118 casinos en la ciudad en 1744. La bauta también protegía de la desgracia a nobles arruinados que abandonaban sus palacios para vivir en la zona de la iglesia de San Baranaba preservando a sus familias del infortunio y maledicencia públicas.
Junto con la bauta, las mujeres también utilizaron otra máscara, la moretta, de color negro hecha normalmente de papel prensado, forrada de terciopelo negro por fuera y seda en el interior, contaba con dos aperturas para los ojos sujetándose a la cara de la dama mediante un botoncito a la altura de la boca que debía mantenerse con los dientes, por lo que se conoció como serva mutta, sirvienta callada, protegiendo la identidad y el misterio de las damas en casinos y representaciones públicas.
El origen de este tipo de máscara era francés, el visard, fabricado para proteger a las damas del sol en sus paseos a caballo y en viajes en el exterior para que no fuesen confundidas con sirvientas sometidas a las inclemencias del tiempo, aunque en Italia muy pronto adquiriese otras connotaciones. Más que un disfraz, la bauta y la moretta fueron dispositivos sociales que hicieron del anonimato una forma de libertad regulada siendo su uso tan frecuente que los viajeros que llegaban a Venecia pensaban que siempre en ella era carnaval.