El comienzo de la presente temporada escribí sobre la necesidad que debía tener
Hansi Flick de introducir variantes en su sistema del fuera de juego radical con el que el equipo regala más de 40 metros para que los rivales puedan contraatacar. Los entrenadores no son tontos y han aplicado vacunas contra ese sistema, consistentes básicamente en romper ese fuera de juego desde la segunda línea.
Pero
Flick no ha introducido variantes, lo que era aconsejable siquiera por la ausencia de
Íñigo Martínez, que ha sido, por sí sola, determinante de la endeblez e inseguridad actuales de la defensa, vendida por los centrocampistas cuando éstos no presionan al rival en la zona ancha.
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