Los pronósticos señalan que el próximo 15 de marzo, la cineasta china Chloé Zhao recogerá algún Premio Oscar por su película sobre el dolor de Shakespeare y su esposa ante la muerte de su hijo, adaptación de la novela de Maggie O’Farrell: Hamnet.Producida por Steven Spielberg, está teniendo una gran respuesta en cines, aunque la realizadora de 43 años no es ajena a los reconocimientos:Nomadland (2020) le dio varias estatutillas.Por eso recientemente, en una entrevista en España, dijo que estar nominada en ocho categorías por Hamnet la tiene una situación compleja: "Puede ser un poco desagradable que a tu trabajo le pongan una etiqueta" en la que solo eres "ganador o no".Los orígenes cinematográficos de Chloé ZhaoSobre sus orígenes en la industria audiovisual, asegura que hace las películas "por supervivencia"."Sinceramente, me convertí en narradora y cineasta porque me costaba conectar, expresar o sentir mis emociones", dice Zhao, que se define como neurodivergente.Sin embargo, sí es capaz de conectar con las emociones de otros - "la pérdida se siente igual, el desamor se siente igual, el amor se siente igual" - y de integrarse rápidamente en comunidades en apariencia muy diferentes.Esta mujer que nació en China, se educó en Reino Unido y estudió cine en Estados Unidos, considera que precisamente "cuando no eres de un lugar y no tienes un profundo apego, en lo único en lo que puedes confiar es en estar completamente presente cuando estás con otro ser humano".Con esta premisa ha conseguido obras como el excelente retrato del oeste americano contemporáneo de The Rider(2017) o la historia de una mujer mayor y pobre que debe buscarse la vida en los bellos pero hostiles paisajes estadunidenses de Nomadland."Es más fácil y seguro crear un mundo fantástico y contar las historias de otras personas" y "experimentar una especie de catarsis a través de la alquimia de la narración", destaca.Hamnet, o cómo mostrar las vulnerabilidadesAlgo parecido es lo que le ocurre al personaje de Shakespeare en Hamnet, que en la piel del actor Paul Mescal muestra dudas, debilidades y un dolor que vuelca en sus inmortales creaciones literarias.La imagen de un Shakespeare que llora ha chocado a algunos críticos que consideran excesiva la carga emocional de la película. Al respecto, la directora cree que "vivimos en una sociedad que, lamentablemente, no honra nada lo que no es productivo" y en la que a menudo se ocultan los duelos."Preferimos vivir en verano todo el tiempo en lugar de honrar el invierno, cuando las cosas se están muriendo y se están preparando para el siguiente renacimiento", defiende Zhao, que explica que "si no te permites sentir duelo sin intelectualizarlo" no habrá una transformación.Ella misma, a medida que ha madurado, también ha tenido que seguir un proceso de "curación" y de "descalcificación", ya que había partes sobre las que no se había permitido hacer un duelo."Cuanto más lo hago, más me doy cuenta de que el cine, si no pones cuidado, puede ser disociativo, en el sentido de que no estás en tu cuerpo, sino en tu cabeza", reflexiona la cineasta.Y aunque reconoce que no tiene la respuesta sobre cómo conseguir que las historias sean más "corporales", ya que al final el cine se ve sentado en una butaca, sí que trata de usar su cuerpo y el de sus equipos cada vez más para poder abrir el corazón de los espectadores.La fuerza de Jessie BuckleyUn ejemplo de esta corporeidad en la película de Hamnetsería la escena del primer parto de la esposa de Shakespeare, Anne Hathaway -en la película es Agnes, el nombre con el que también se le conocía-, que interpreta la actriz irlandesa Jessie Buckley."El primer nacimiento en el bosque fue muy diferente al segundo, estaba mucho más en contacto con su cuerpo. El bosque, metafóricamente, es su conexión con su propio bosque interior; no solo con su cuerpo, sino con el linaje de las madres y las mujeres de su linaje", subraya Zhao, una creadora que ha encontrado un lenguaje lúcido a través de las emociones humanas más intensas.hc