«Oí un chiste una vez: Un hombre va al médico. Dice que está deprimido. Dice que la vida parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en un mundo amenazador donde lo que nos espera es vago e incierto. El médico dice: 'El tratamiento es sencillo. El gran payaso Pagliacci está en la ciudad esta noche. Vaya a verlo. Eso lo animará'. El hombre estalla en lágrimas. Dice: 'Pero doctor... yo soy Pagliacci'». El payaso es el personaje al que interpreta Will Arnett en 'Sin conexión', dirigida por Bradley Cooper y en la que el actor, conocido por su vis cómica en series como 'Arrested Development', también coescribe el guión, solo que en lugar de ir al médico, como el del texto sacado del cómic 'Watchmen' , coge un micrófono y empieza a subirse a los escenarios de las 'stand up comedies' para vomitar en los monólogos todo eso que se le atraganta en su vida. Para gritar lo que calla sin saber por qué, para arreglarse, al menos, un poco a sí mismo tras ser desahuciado de su casa, con su matrimonio en crisis. En uno de los primeros chistes, suelta: «Creo que voy a divorciarme». No tiene gracia pero el público ríe, desarmado por la honestidad de su discurso. Entonces él sigue y encuentra en esos clubes un refugio en el que abrazar una vocación que desconocía, una que le sirve para recuperar la pasión que se pierde cuando la rutina empaña el lado bueno del día a día. «Ser capaz de reírse de uno mismo es importante» , reconoció Arnett a ABC durante una visita exprés a Madrid en diciembre. Responsable de que, tras una charla seria, Bradley Cooper dejara el alcohol, Will Arnett se somete ahora al acoso de la cámara de su amigo y expurga sus traumas en esta entrañable tragicomedia sobre las segundas oportunidades, sobre la reconciliación de una pareja, sobre empezar a conocerse cuando ya encaminas la (pen)última parte de tu vida. «Aprendí más sobre mí mismo en esta película que en los 20 años anteriores. Me di cuenta de lo poco que sabía. Pasé años pensando que era un experto en esto, que tenía todas las respuestas, pero trabajando aquí me sentí como un niño. Sentí que estoy aprendiendo, lo cual es increíble a mi edad. Tenía 54 años cuando hicimos la película y pensaba: 'No sé nada' . Y hay algo muy liberador en eso», confesó el actor, que estrena 'Sin conexión' este viernes. –Tiene gracia que, con su currículum explotando el humor, consiga su interpretación más real y honesta en una comedia tan seria. –(Risas) Es verdad que he pasado gran parte de mi carrera trabajando en comedia pero este papel ha sido un reto. Nunca había hecho 'stand up', así que me preparé haciendo monólogos todas las noches durante unos meses antes de empezar a rodar. Pero lo más difícil fue sumergirse en la conexión emocional de este personaje y de esta historia. Laura Dern [la coprotagonista], Bradley Cooper y yo hicimos un taller de sueños, algo que no hacía desde hacía mucho tiempo, quizás desde que estudiaba actuación. –Suena un poco al método del 'Actors Studio', ¿qué hacían en ese taller? –Intentar eliminar todos los obstáculos que tienes para conectar con ciertas cosas de la historia y características del personaje, para conseguir sentirte vulnerable. Ese fue el mayor obstáculo: descubrir cómo ser realmente vulnerable para conectar con la emoción y no estar simplemente comentándola sino experimentándola de verdad. Queríamos que eso se sintiera natural, real. Cada día, incluso con toda la preparación, pensaba: «¿Qué estamos intentando hacer en esta escena? ¿Qué está pasando? ¿Cómo se siente Alex y cómo puedo llegar ahí?». Funcionó gracias a Bradley; confiaba en él y sabía que crearía el espacio necesario para que yo encontrara la forma de acceder a esa emoción. Hubo días difíciles en los que empezábamos una escena y yo pensaba: «No sé cómo hacerlo». Fue un proceso de despojarme de todo lo que sabía antes sobre la actuación, de todos los viejos trucos que tenía, y conectar de forma real. Hubo días en los que pensé que no podría; me frustraba, y entonces tenía que, por simple que suene, respirar, eliminar el ego e intentarlo de nuevo. –Vivió con Cooper, trabajó con él e incluso le ayudó a cambiar su vida cuando atravesó una crisis personal. ¿Cómo fue debutar a sus órdenes en la dirección? –Nos conocemos desde hace mucho y soy muy fan de sus películas como director, pero al escribir juntos el guión me di cuenta de lo minucioso e implacable que es. Como director tiene una visión increíble, es capaz de pensar en muchísimas cosas a la vez. Y además de ser mi amigo también es actor, y al tratar material muy emocional, él comprende lo que hace falta. Fue muy sensible. Seguro que hay directores que no son actores y también lo son, pero él tiene un entendimiento especial. Es como un piloto de carreras que sabe cómo funciona el coche porque él mismo lo conduce. Me resultó muy útil. Cuando yo estaba frustrado, él lo entendía y me decía: «Es por esto. Suelta esta idea. No intentes interpretar una emoción, no busques un objetivo, simplemente déjate llevar». Fue muy liberador. –Su personaje encuentra la luz a través de los monólogos. ¿Le sirve a usted la actuación como terapia? –No sé si es terapia, pero lo curioso es que Alex logra empezar a entender cómo se siente y a conectar consigo mismo a través del monólogo y yo estaba teniendo esa misma experiencia como actor interpretándolo. Me ayudó como artista a abrirme y entenderme. Aprendí más sobre mí mismo en esta película que en los 20 años anteriores. Me di cuenta de lo poco que sabía. Pasé años pensando que era un experto en esto, que tenía todas las respuestas, pero trabajando aquí me sentí como un niño. Sentí que estoy aprendiendo, lo cual es increíble a mi edad. Tenía 54 años cuando hicimos la película y pensaba: «No sé nada». Y hay algo muy liberador en eso. –¿Es necesario reírse de uno mismo para entenderse? –Ser capaz de reírse de uno mismo es muy importante. He aprendido a no tomarme tan en serio. Siempre se me ha dado bien no tomarme en serio, soy canadiense (risas). En Canadá nos reímos mucho de nosotros mismos. Y si no te ríes de ti mismo, tus amigos lo harán por ti. Es importante tener sentido del humor. Ya hay bastantes cosas serias en la vida; hay que intentar reír, amar y centrarse en lo positivo, en lo que funciona, e identificar esas cosas para dejar de perder el tiempo. –¿Puede uno ser más honesto consigo mismo hablando de las cosas con otros? –Sí, compartir con los demás es importante. El matrimonio de la película deja de comunicarse entre ellos y consigo mismos. Para 'curar' esa desconexión, tienen que apoyarse en otros. No es que mi personaje solo haga monólogos y hable de su verdad... es que encuentra una comunidad donde puede hablar de lo que pasa. Nos aferramos a las cosas con demasiada fuerza y a veces te das cuenta de que necesitamos necesitamos seguir hablando. –¿Es la vida, incluso con sus crueldades, material para la comedia? –Sí, a menudo. Recuerdo que mi abuelo me dijo una vez: «Si no te ríes, llorarás». Más vale tomarse las cosas así. Hay cosas muy serias, pero si encontramos la forma de reírnos, es una manera de trascender el drama. Los cómicos lo hacen; a veces se meten en líos por decir algo sobre una situación mala, comprometida, pero es una forma de soltar un poco de aire para poder hablar de ello. Reírse de lo difícil es una vía de entrada para tratarlo. –Hay un momento en la película donde Tess [Dern] dice que el matrimonio no trata de ser feliz con tu pareja, sino de aprender a ser infeliz. ¿Es así también la vida? –Eso creo. Todos queremos ser felices y tenemos derecho a intentarlo, pero va a haber momentos en que no lo seamos. ¿Cómo lidias con eso? No puedes estar a merced de las circunstancias. No puedo decir que solo soy feliz si hace sol, porque, ¿qué pasa cuando llueve? Hay que encontrar la forma. Nuestros personajes toman la decisión de ser infelices juntos, porque la alternativa es separarse. En la vida hay que encontrar la manera de estar bien a pesar de todo.