El Siglo de Oro español es el bodegón absoluto. Quedan en su tiempo representados el exceso, la decadencia y la pudrición. Mientras los retablos se recubren de oro, las calles huelen a peste y hambre. La demasía barroca no es una celebración, es la herida que supura. La muerte sin herederos de Carlos II, cuya figura es la metáfora definitiva del periodo, no sólo extinguió una dinastía; fue el acta de defunción de un modelo de mundo. «Miré los muros de la patria mía», escribe Quevedo. Algo se caía a trozos. En la literatura y la pintura de ese tiempo proliferan los enanos y los bufones, lo monstruoso y deforme. Todo es difuso porque marca el fin de una época....
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