El precedente de los rebeldes de Vox en Murcia que ahora inspira a Ortega Smith en su pulso con Abascal
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Antaño, hubo un secretario general en Vox que se manejaba con puño de hierro. «Si no es simpático con sus amigos, imagínate con sus enemigos», confiesa uno de los primeros.
Tuvo que aplicar su carácter en la Región de Murcia. Corría el año 2020. Santiago Abascal, jefe de filas, quería deshacerse de tres «díscolos» en la Asamblea. Pero no había manera. Y llegó la sangre al río. Fue Javier Ortega Smith, general secretario, el que se encargó de ejecutar la sentencia: expulsados del partido. Pero... luego llegó la Justicia y resolvió en favor de los rebeldes.
Acabó el caso en la Audiencia Nacional, que concluyó que los tres murcianos seguían siendo afiliados de pleno derecho del partido. Por lo que permanecieron en el grupo autonómico.
Un lustro después, la historia tiende a repetirse. Pero, esta vez, el amotinado es la autoridad a la que se le encargó disolver aquel motín. Y, de hecho, se inspira en los amotinados de entonces para librar su propia batalla. Otra cosa no, pero Ortega Smith cuenta con recursos jurídicos.
Para la historia del juicio del «procés» en el Tribunal Supremo quedará su actuación, enfundado en la toga, que tanto éxito le reportó a la que, todavía hoy, sigue siendo su formación política. A pesar de todo.
Examina un Comité de Garantías en Bambú, , sede nacional, la expulsión de Ortega Smith y de otros dos concejales más del Ayuntamiento de Madrid: el primero, Ignacio Ansaldo, que tiene el carnet número uno, y Carla Toscano. Por no acatar las órdenes de arriba e impedir un relevo en la portavocía. Era el último puesto que ostentaba quien fue lugarteniente de Abascal, y es padrino de su hija.
Desde que lo apartaron como número dos, no ha dejado de descender en el organigrama. La antepenúltima, en el Comité Ejecutivo Nacional, donde le retiraron el asiento; la penúltima, en el Congreso de los Diputados, orillado de la dirección del grupo. Está por ver si finalmente termina en el Grupo Mixto, junto con otros colegas de bancada que le son fieles. Eso sí, no lo hará por su cuenta.
"Es obstinado como una mula"
«Va a aguantar el pulso. Es obstinado como una mula y es capaz de estar sentado al lado de su enemigo. Tiene mucha psicología», aseguran dirigentes que lo conocen bien. Es decir, que sólo será vecino de despacho de Podemos si su gente, los de Vox, consiguen expulsarlo del grupo y no le queda más remedio. Mientras tanto, seguirá con su escaño, uno más de los treinta y tres.
En el Ayuntamiento de Madrid, el embrollo es que sigue de portavoz, gol por la escuadra a Abascal, y usando las siglas de Vox. Ayer le confirmó lo que avanzó este diario: que no hay nada que hacer. No salen los números. Aunque le expulsen del partido. La estela del precedente legal en la Asamblea de Murcia juega a su favor. Y, como ya aclaró, irá a los tribunales.
«Algunos tendrán que preguntarse y contestar a los madrileños por qué ante una situación de tanta gravedad en España, con un gobierno de delincuentes y criminales, han querido poner a este grupo municipal en la tesitura del enfrentamiento, la división y entorpecer la labor que estamos realizando en pro de los madrileños», declaró este miércoles.
Abascal reivindica su autoridad
En Vox, si hay algo que nadie discute –ni puede o debe hacerlo– es la autoridad de Santiago Abascal. Y se encargó de dejarlo bien claro él mismo ayer miércoles, cuando acudió a los estudios de Antena 3 para ser entrevistado por Susanna Griso en Espejo Público. Fueron varias las preguntas sobre la crisis interna desatada por la negativa de Javier Ortega Smith a dejar la portavocía en el Ayuntamiento de Madrid.
Y el líder de Vox justificó la decisión de suspenderlo de militancia por desacato. «En un partido político y en cualquier organización, las normas las tiene que cumplir desde el número uno hasta el número cuatro, pasando por el seis y hasta el 68.000. Todos los afiliados deben respetar las normas internas y los estatutos. No hay discusión. No tengo preocupación ni mala conciencia».
Hizo alusión a los procedimientos orgánicos internos y al respaldo que ha cosechado votación tras votación. «En algunas ocasiones se presentaron otras personas y, en otras ocasiones no», pero él recalcó que siempre ha «ganado».
Y nadie, por lo tanto, puede cuestionar sus decisiones. «Yo he elegido a mi equipo, y es el que manda y va a seguir mandando y tomando decisiones difíciles. Cuando lleguemos al Gobierno de España las decisiones serán todavía más difíciles, pero no tenemos ningún tipo de miedo a tomar decisiones».
También quiso repetir el reproche que días antes personalizó en una periodista de La Sexta porque la prensa le hace preguntas que a él no le gustan. Eso sí, lo planteó de otra forma, ya que generalizó que los partidos «no pueden estar todo el día mirándose el ombligo», por eso de hablar de los líos internos, que tanto le incomodan.
«Yo salgo a la calle y a mí no me preguntan por esto. Voy a ejercer mi responsabilidad respondiendo a los problemas de la gente. Me he presentado a la elección a la presidencia de Vox desde 2014 hasta ahora y he ganado siempre», resolvió para intentar zanjar una polémica que, sin embargo, amenaza con enquistarse.