El Ministerio de Cultura ha tenido que advertir de sanciones a quienes hagan un uso fraudulento del bono cultural tras hacerse viral un vídeo en el que jóvenes lo utilizaban para entrar en una discoteca de Madrid. El bono pervive desde su puesta en marcha envuelto en polémica. Cabe preguntarse qué papel ha cumplido y si ha sido eficaz para dinamizar la industria cultural y ampliar el acceso de los jóvenes a la Cultura, o si el Gobierno ha destinado dinero público a consolas, videojuegos y ocio nocturno. ¿Qué incentivos están detrás de semejante gasto? ¿Sabe La Moncloa con certeza en qué se emplea este presupuesto? Episodios como el de la sala de fiestas alimentan la sospecha de que los fondos acaben desviándose hacia usos ajenos al estímulo del interés cultural y formativo de los jóvenes. Si el Ejecutivo desconoce estos pormenores es porque no le ha interesado evaluar la formación de los ciudadanos ni su impacto en la industria cultural, sino obtener, pervirtiendo el programa, un rédito electoral tan evidente como obsceno.