La izquierda se fija en Bustinduy y Unai Sordo como sustitutos de Yolanda Díaz
El espacio a la izquierda del PSOE ha alcanzado en el último mes una especie de velocidad de crucero con el objetivo de rearmarse de cara a las próximas elecciones generales, dando pasos nuevos prácticamente todas las semanas. El movimiento es lento, eso sí, pero al menos hay algo de dinamismo y muchos creen que está sirviendo para acaparar parte de la agenda, en positivo (sin luchas intestinas, todavía), y levantar los ánimos del espacio.
Sin embargo, y a pesar de todos esos pasos, las grandes incógnitas todavía por resolver siguen siendo a día de hoy las mismas que había antes del parón navideño. Y los signos que van apareciendo no permiten intuir que esas cuestiones se vayan a poder despejar pronto. Estas son, claro está, el debate del liderazgo y si habrá unidad con otras formaciones.
La vicepresidenta segunda y candidata de Sumar en las anteriores elecciones, Yolanda Díaz, anunció esta semana que no tiene intención de postularse para seguir liderando el espacio de cara a las próximas generales. Con ese paso, que dio el mismo día que la desclasificación de los papeles del 23-F para que su noticia quedase diluida, permite ahora que el resto de formaciones de Sumar entren en el debate de los liderazgos. Antes había una sensación como de "stand by" a la espera de ver qué hacía, ya que mostraba signos contradictorios.
El paso al lado de Díaz es una buena noticia para formaciones como Izquierda Unida, que lleva meses pidiendo nuevos liderazgos, pero también pone en evidencia que no hay líderes naturales para sucederla. Ningún nombre del espacio cae por su propio peso y no parecen cuajar personas externas y con popularidad como Gabriel Rufián, que lleva semanas agitando la necesidad de una candidatura conjunta en la izquierda, pero que no convence a la hora de materializarla.
Quien sí está cobrando bastante protagonismo en las quinielas es el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy. Perteneció a Podemos en sus inicios, supo evitar las luchas fratricidas y hoy es una figura querida dentro de los distintos partidos que forman el espacio. Además, es un ministro bien valorado por la ciudadanía y está consiguiendo dotar de contenido político a su Ministerio, aunque una de sus principales trabas es que es muy poco conocido todavía.
El problema para ellos es que Bustinduy no parece, al menos ahora mismo, dispuesto a dar ese paso. Personas que le conocen aseguran que rehúye de la política orgánica y las luchas internas, algo que sin duda demandará mucha energía al convivir tantos partidos en el mismo espacio, y que no parece dispuesto a pagar el precio personal que supone estar en esa primera línea de la política. De hecho, ya costó mucho repescarle para las labores que ejerce ahora.
También está ganando peso el nombre de Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras. Varias personas del espacio deslizan de vez en cuando su nombre, ya que los avances en materia laboral que ha conseguido Yolanda Díaz y que componen una parte importante de su capital político para el futuro ha sido de la mano de los sindicatos.
Pero aquí también hay pegas. Su nombre lleva años rondando la marca de Sumar y nunca ha llegado a dar el paso. El año pasado se volvió a presentar a las elecciones para seguir liderando el sindicato y las ganó. Es cierto que se trata de su último mandato, ya que los estatutos sólo permiten un máximo de tres, pero este culmina en 2029 y Sordo ha trasladado a la gente de Sumar que tiene intención de agotarlo. No parece convencido de poner fin de manera abrupta a su carrera sindical para dar un salto a la política nacional, en un momento además tan complejo para la izquierda, con unas expectativas electorales prácticamente en mínimos.
De todos modos, las distintas formaciones que componen el nuevo Sumar aseguran que todavía no es el momento de hablar de liderazgos. Los errores del pasado han demostrado que construir un proyecto en torno a una cabeza visible no es la mejor fórmula y ahora están apostando por pactar un programa, una forma de hacer las cosas y una visión conjunta, y desde ahí construir lo demás.
También queda por ver qué sucederá con la unidad. El paso a un lado de Yolanda Díaz se interpretó en un primer momento como que podía allanar el camino para que Podemos se acabe integrando en el proyecto. A fin de cuentas, los morados tienen una enemistad manifiesta con la vicepresidenta segunda. Sin embargo, en los días posteriores a la renuncia de Díaz, tanto Ione Belarra como Irene Montero se pronunciaron descartando que el camino fuera ahora más fácil que antes. Los morados insisten en que hay un problema de base, que se ha creado un espacio plegado al PSOE, y que para contar con ellos todo eso tiene que cambiar.
A la espera de ver cómo van evolucionando los acontecimientos, varias voces sitúan en las elecciones de Andalucía la prueba del algodón. Ahí todavía hay posibilidad de presentar una candidatura conjunta en junio y lo que suceda servirá de termómetro para prever si habrá acuerdo para las generales.