La destitución de
Xabi Alonso en el mes de enero fue una decisión de riesgo; más aún si el sustituto era Álvaro Arbeloa, entrenador con poca trayectoria para un banquillo tan exigente como el de
l Real Madrid. Medidas audaces pueden reportar objetivos extraordinarios, o no. La salida de Xabi ponía el punto de mira en la plantilla blanca. No ha habido respuesta. Xabi perdió un 13% de los partidos,
Arbeloa un 33; 4 de 12. Una barbaridad.
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