Adrian Newey recuerda perfectamente cómo se enamoró del deporte de motor durante su adolescencia. Es una historia habitual entre la juventud de su quinta y también la de hoy en día:
su padre le compró un motocicleta, y el resto es historia. Quedó tan prendado por aquel artilugio de dos ruedas que incluso llegó a considerar explorar una trayectoria como
diseñador de motos en vez de prototipos de cuatro ruedas... ¡Cómo hubiera cambiado el relato de la Fórmula 1 moderna!
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