EEUU e Israel continúan golpeando a Irán e Hizbulá en el umbral de la primera semana de guerra
Las fuerzas estadounidenses e israelíes prolongaron este pasado jueves el castigo a Irán en el sexto día de una guerra convertida en un conflicto regional cada vez más amplio cuyo objetivo aliado no es otro que forzar el cambio de régimen. Mientras Israel continuaba bombardeando posiciones de Hizbulá y Hamás en todo el Líbano entre informaciones contradictorias sobre una supuesta invasión terrestre de territorio iraní protagonizada por milicias kurdas procedentes de Irak, el presidente estadounidense, Donald Trump admitía por primera vez que trabaja en la elección del próximo líder iraní, anticipando una operación a la venezolana como la que permitió cambiar a Nicolás Maduro por Delcy Rodríguez.
Con todo, a punto de alcanzarse la primera semana de ofensiva, la cúpula de la teocracia chií no ha dado indicio alguno contrario al del enroque y el cierre de filas. “Trump busca una interlocución con Irán pero que acepte sus condiciones. Presionará con los ataques”, asegura a LA RAZÓN el analista hispano-iraní Daniel Bashandeh. “El problema es Israel que quiere acabar con los interlocutores porque pretende mantener el apoyo de Trump en la región y desestabilizar Irán”, concluye el especialista.
Un día más, el grueso de los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel tuvo como objetivo distinta infraestructura gubernamental y militar del régimen en Teherán, desde infraestructura de misiles subterráneos hasta centros de comando y control de la Guardia Revolucionaria pasando por sistemas de radares y baterías de defensa con las que interceptar incursiones aliadas. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel afirmaba en la tarde de ayer haber llegado a una situación de “superioridad aérea casi completa” sobre Irán. La campaña aliada sigue cobrándose vidas, y, según el balance ofrecido ayer por las autoridades iraníes, la contienda causaba al cierre de este texto la muerte de al menos 1.230 personas.
Por otra parte, y ante los rumores cada vez más consistentes de una operación orquestada por la CIA para abrir un frente terrestre al régimen en sus fronteras occidentales con Irak a través de la incursión de milicias kurdas, el Gobierno iraní aseveraba ayer haber golpeado con éxito posiciones de grupos “separatistas” y “terroristas”. En una entrevista ayer con el digital estadounidense Axios, Trump ni confirmaba ni desmentía su implicación en la supuesta operación: “Creo que es magnífico que quieran hacer eso. Estoy totalmente a favor”.
Aunque con menor intensidad que en el inicio de la semana, las fuerzas iraníes siguieron ayer respondiendo con ataques con misiles y drones contra territorio israelí y de media docena de Estados de la región más. Una fuente de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria citada por la agencia Fars News aseveraba ayer que las fuerzas iraníes habían lanzando más de 500 misiles balísticos y navales y unos 2.000 drones desde el inicio de la contienda el sábado. La misma fuente precisaba que el 40% de los proyectiles fueron dirigidos a territorio israelí mientras el 60% restante a objetivos estadounidenses a lo largo y ancho de la región. Además, Teherán reportaba haber alcanzado con drones el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln en aguas del golfo de Omán. Según el el mando de combate unificado de las fuerzas armadas iraníes, el portaaviones se encontraba ya a unos 340 kilómetros de la frontera marítima iraní antes de “huir a toda velocidad con sus destructores. Ahora se encuentra a más de 1.000 kilómetros de la zona”.
Así las cosas, el paso de los días sigue ampliando el escenario geográfico de la contienda. Ayer, un país nuevo se unió a la nómina de Estados afectados por el cruce de fuego entre Irán y la alianza israelo-estadounidense: Azerbaiyán. Su gobierno, aliado de Turquía e Israel, acusó ayer a Teherán de haber perpetrado “un acto terrorista” al atacar con dos drones iraníes el aeropuerto de la región de Najicheván -la explosión causaría la muerte de una persona y dejaba a otra herida-, lo que las autoridades iraníes negarían horas después ponderando las buenas relaciones entre ambos países. El jefe de la diplomacia iraní, Abbas Araqchi, señalaría, por su parte, a Israel ante lo que asegura fue un ataque de falsa bandera. Además, los mandos militares iraníes negarían también ayer tener que ver con la entrada el miércoles en el espacio aéreo turco de un misil balístico que sería derribado por el sistema de defensa de la OTAN.
Como ya ocurriera el domingo pasado, el aeropuerto de Abu Dabi volvió a ser objeto de un ataque por parte de las fuerzas iraníes. El Ministerio de Defensa emiratí confirmó haber interceptado seis misiles balísticos y 125 drones que apuntaban a la capital y otros puntos estratégicos. Por su parte, las autoridades de Bahréin denunciaron ayer un ataque con misiles lanzados desde territorio iraní contra la principal refinería del país, situada al sur de Manama. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los puntos calientes del conflicto, toda vez que la amenaza del uso de la fuerza por parte de la Guardia Revolucionaria mantiene prácticamente clausurada desde el martes una de las vías comerciales marítimas más importantes del mundo. El canciller iraní desmentía también ayer haber cerrado la arteria marítima -por donde transita un 20% del tráfico de crudo mundial- al aseverar que “los barcos y buques cargueros han dejado de atravesar la zona porque tienen miedo a un ataque por parte de unos u otros”.
Las FDI ordenan la evacuación del sur de Beirut
El otro frente de guerra aliado volvió a ser ayer, por cuarta jornada consecutiva, el Líbano en una jornada marcada por las órdenes de evacuación emitidas por las Fuerzas de Defensa tanto en los feudos de Hizbulá en el sur de Beirut -por primera vez en la historia del conflicto con la milicia proiraní los mandos militares israelíes exigieron ayer a toda la población del Dahiyeh que abandonara la zona, provocando un auténtico caos en la capital- como en el valle de la Becá, al este del Líbano. “El sur de Beirut se parecerá pronto a Jan Yunis”, amenazaba el ministro de Finanzas israelí Bezalel Smotrich.
En la víspera, las autoridades israelíes habían hecho lo propio al instar a la población de todas las localidades libanesas situadas al sur del río Litani -en la zona viven al menos 250.000 personas- a abandonar sus hogares. En espera de la campaña aérea en los suburbios de Beirut, con bombardeos israelíes en el sur y el este del país y choques entre Hizbulá y las FDI junto a la Línea Azul y en medio de un éxodo cada vez mayor de población en dirección Siria, las fuerzas israelíes reivindicaron ayer la eliminación del comandante de Hamás para el norte del Líbano en un bombardeo nocturno sobre el campamento de Beddaoui, situado en los alrededores de la ciudad de Trípoli, al norte del país.
Por su parte, las autoridades libanesas trataban ayer de agotar las posibilidades diplomáticas a fin de evitar una escalada aún mayor. La presidencia libanesa revelaba que el jefe del Estado, el general Joseph Aoun, había pedido ayer en conversación telefónica a su homólogo francés Emmanuel Macron su mediación a fin de que las Fuerzas de Defensa no cumplan con su amenaza de bombardear masivamente los suburbios meridionales de Beirut y arrastrar al conjunto del país a un caos aún mayor. En la tarde de ayer trascendía también que París ha prometido al Ejército libanés material militar y ayuda logística horas después de la visita del jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas francesas Fabien Mandon a Beirut. Entretanto, el Gobierno libanés aseguraba ayer que más de un centenar de personas habían muerto y casi 640 habían resultado heridas a causa de la oleada de bombardeos israelíes.