En 1941, en una pequeña fábrica de plásticos de Estados Unidos llamada E.A. Smith Manufacturing, el dueño estaba harto. Earl J Stockdale estaba cansado, no de sus trabajadores, ni de los proveedores, ni de los clientes, estaba harto de las moscas. Esas pequeñas intrusas que se colaban por las ventanas abiertas del taller y aterrizaban sobre los productos terminados. En concreto, sobre las gafas de seguridad que producían en masa para los obreros de fábricas y soldados en tiempos de guerra. Limpiar una tras otra, día tras día, era una pérdida de tiempo colosal. Pidió a su equipo que ideara algo. Cualquier cosa que mantuviera las gafas limpias durante la producción. Uno de sus empleados, un joven llamado Charles P...
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