Cuando todo el mundo estaba afilando los cuchillos de cara al sprint final, el
neerlandés Dan Hoole tuvo el atrevimiento de desafiar a los guionistas de la etapa e intentar una aventura en solitario en los últimos 21 kilómetros de la
segunda etapa de la París-Niza, una jornada diseñada para una llegada masiva pero cuyo desenlace se mantuvo incierto hasta el final.
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