Viajar en ferrocarril no es solo la opción más sostenible, sino una de las más gratificantes a la hora de disfrutar de los paisajes. El emblemático Tren de Larrún (o Le Petit Train de la Rhune), uno de los ferrocarriles turísticos más fascinantes del suroeste de Europa, vuelve a ponerse en marcha el 28 de marzo. Este tren cremallera, inaugurado en 1924, asciende hasta la cima del monte Larrún, a 905 metros de altitud, y ofrece una experiencia única entre los espectaculares paisajes que separan España y Francia, en pleno corazón del País Vasco francés. Ubicado en el pintoresco pueblo de Sara, a solo diez kilómetros de San Juan de Luz, el tren recorre en 35 minutos las laderas del macizo de Larrún, el primer pico de los Pirineos Occidentales. Desde sus vagones de madera, restaurados para conservar su encanto original, los pasajeros pueden contemplar una amplia variedad de flora y fauna, con ovejas, ponis y buitres, entre otras aves, sobrevolando el recorrido. El trayecto, que solo funciona en primavera, con el buen tiempo, es una de las actividades familiares más populares del País Vasco francés. De hecho, se recomienda reservar con antelación, ya que cada temporada miles de viajeros se acercan para disfrutar de las vistas panorámicas del mar Cantábrico, los valles verdes y las playas de Las Landas. Arriba, los visitantes disponen de una hora y veinte minutos para explorar la cima, descansar y comer algo en alguno de los restaurantes que coronan la montaña. El viaje completo dura unas 2 horas y media. Los niños menores de 4 años viajan gratis, mientras que los precios de ida y vuelta son de 17 euros para niños de 4 a 12 años y 25,50 euros para adultos. Las familias (dos adultos y dos niños) pueden optar por un billete conjunto de 77 euros, y los perros también son bienvenidos a bordo por 6,50 euros. Eso sí, no se permiten bicicletas. El Tren de Larrún permanecerá en funcionamiento hasta el 1 de noviembre de 2026, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan. Más de un siglo después de su inauguración, este ferrocarril sigue siendo un símbolo de ecoturismo, historia y belleza natural, y una experiencia que muchos consideran imprescindible para conocer los Pirineos.