El papel de la sociedad civil frente a la erosión democrática
Comienzo con una afirmación quizá obvia: junto a una cultura política liberal y una “esfera pública vibrante”, la sociedad civil es sostén y alimento del entramado formal de la democracia. En este habitan, enmarcados por la Constitución y las leyes, las elecciones, los parlamentos, partidos, tribunales y otras instituciones estatales.
Así lo postuló, de diversas formas, Jürgen Habermas, gigante alemán de la filosofía política, fallecido la semana pasada a los 96 años. Él y muchos otros pensadores han destacado la incidencia de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) como canalizadoras de plurales intereses e inquietudes ciudadanas. Los partidos consolidan diversas aspiraciones; las OSC enfatizan en las específicas. Ambos se complementan de manera sustantiva y funcional en la dinámica democrática.
Pero existe otra faceta de las OSC menos explorada: la dimensión ética, que, aunque sin referirse a ellas, perfiló otro gigante alemán de la sociología y la filosofía política: Max Weber (1864-1920). Es la diferencia entre política ética y ética de la política, o entre la política subordinada a los valores y los valores subordinados a la política. En el primer caso se respetan o tienen como guías principios intrínsecos. En el segundo se les interpreta, moldea o –en el extremo– desdeña por objetivos de poder.
Los políticos y partidos definen su ética, sea real o ficticia, como una especie de método para decidir entre valores. La suya es una ética de las consecuencias. Las OSC, en cambio, impulsan convicciones y objetivos sin concesiones (o casi). Es la ética de los principios. En este sentido, desde diversos ámbitos, actúan como espejos de conciencia frente a la flexibilidad (¿u oportunismo?) de la política.
Ninguno de los dos “modelos” es necesariamente el mejor, y la democracia necesita de ambos. Pero cuando el afán de control se impone sobre las reales consideraciones éticas, el oportunismo reina y el autoritarismo asoma. Y si otros actores políticos flaquean o no bastan para frenar los ímpetus autoritarios, las organizaciones de la sociedad civil adquieren importancia esencial, como referentes y movilizadoras ciudadanas.
Podemos disentir de muchas, por método o sustancia; en Costa Rica, sin embargo, su conjunto es más que nunca clave para fortalecer el tejido democrático.
Correo: radarcostarica@gmail.com
X: @eduardoulibarr1
Eduardo Ulibarri es periodista y analista.