Es un error pensar en la geopolítica sólo a través de las andanzas de las superpotencias, pues se trata de una disciplina que también atañe a los microespacios. Matalascañas, por poner un ejemplo cercano. Hasta la polémica desatada hace unos días por un señor llamado Paco Bella y su inmediato rehúse, entiéndase como marcha atrás al hípico modo, tras la respuesta destemplada como un fuetazo de José Luis Sanz («solemne estupidez», dijo), uno pensaba que esa playa y sus urbanizaciones adyacentes eran un enclave de soberanía hispalense en la provincia de Huelva. Algo así como nuestro Triviño meridional. Es más, albergaba la convicción de que formaban parte del término municipal de Sevilla. Pero nos hemos ido a enterar a la...
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