Los lugares más inaccesibles y recónditos están a menudo delante de nuestros propios ojos; y eso los hace aún más recónditos e inaccesibles. Las azoteas del campanario de la Giralda son de esos lugares. Se nos muestran, allá arriba, cercanas en apariencia, casi al alcance de la mano, pero al mismo tiempo las sabemos lejanas, impenetrables y herméticas, vetadas como están a los extraños, salvo raro privilegio. Al fotógrafo Antonio del Junco, radiólogo del alma de Sevilla, se lo concedieron en cierta ocasión y, acaso porque gozar de él a solas no habría sido gozarlo del todo, quiso compartirlo con algunos amigos, entre quienes tuve la dicha de hallarme. Las azoteas de la Giralda son el cielo de Sevilla y...
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