Ruta del Vino de La Mancha: esencia cultural y enoturística
La Ruta del Vino de La Mancha ofrece durante la Semana Santa una combinación irresistible: tradición religiosa, cultura del vino y un patrimonio cultural que va mucho más allá de las bodegas.
En los pueblos que forman parte de este itinerario enoturístico, repartidos por el mayor viñedo del mundo, estos días se viven entre procesiones, visitas a bodegas y planes culturales que permiten descubrir otra cara del territorio.
Tres son las paradas de la Ruta que cuentan con una Semana Santa de Interés Turístico Regional. En Villarrobledo, donde algunas hermandades procesionan desde el s XVI, destacan procesiones como la del ‘Santo Entierro’ (Viernes Santo) o la del Cristo Yacente, obra del escultor Vicente Tena (Premio Nacional de Escultura). A Villarrubia de los Ojos se acercan miles de devotos para ver ‘La oración en el Huerto’ y el ‘Santo Entierro’ con sus ‘amortajadas’ (Jueves y Viernes Santo) y Campo de Criptana ofrece vivir la Pasión de Cristo más cervantina.
Pero recorrer esta ruta en primavera también permite descubrir otras historias ligadas a la cultura y al talento que han surgido en estos pueblos. Más allá de las bodegas, el visitante encuentra museos singulares, talleres artesanos y proyectos culturales que han logrado proyección internacional.
Uno de los ejemplos más curiosos está en El Provencio. Allí se encuentra el Museo del Cómic impulsado por el ilustrador José Manuel Triguero, que ha convertido este municipio en un pequeño punto de referencia para los amantes del noveno arte. El museo recorre la historia del cómic en España y conserva piezas que van desde publicaciones de finales del siglo XIX hasta clásicos populares. Además, el pueblo acoge cada año una feria internacional dedicada a este género y cuenta con una ruta de arte urbano con murales de artistas internacionales.
En Manzanares, otra parada de la ruta, el protagonista es el diseñador Manuel Piña, uno de los nombres clave en la renovación de la moda española en los años setenta. Su museo se encuentra en una antigua casa solariega del siglo XVI y reúne algunas de sus creaciones más representativas, que muestran cómo la inspiración manchega formó parte de la moda internacional.
El arte también tiene un espacio destacado en Tomelloso, donde se encuentra el museo dedicado al pintor realista Antonio López Torres. Sus cuadros retratan paisajes, escenas cotidianas y rincones del territorio. Muy cerca se pueden visitar también las cuevas-bodega excavadas bajo la ciudad, una extensa red subterránea que durante décadas se utilizó para almacenar vino y que hoy forma parte del patrimonio local.
La gastronomía completa la experiencia. El queso manchego, elaborado con leche de oveja de raza manchega, es uno de los productos más vinculados a la identidad de la zona. Algunas queserías permiten conocer de cerca su proceso de producción.
En Villarrobledo se conserva además otra tradición ligada al vino: la alfarería tinajera. Durante siglos este municipio fue uno de los principales centros productores de grandes tinajas de barro utilizadas para elaborar y conservar vino. Algunas de estas piezas alcanzaron dimensiones extraordinarias y hoy se encuentran en colecciones y museos de distintos países.
En la Ruta del Vino de La Mancha, donde 19 bodegas ofrecen visitas, catas y experiencias que acercan al viajero al arte de hacer vino en una de las mayores regiones vitivinícolas del mundo, se respiran además aires cervantinos. Buen ejemplo de ello es la Colección Zunzunegui, en Pedro Muñoz, uno de los mejores fondos bibliográficos de España, vinculados a la figura de Cervantes y su gran obra Don Quijote de La Mancha.
El resultado es un destino que, especialmente en primavera, combina patrimonio,
gastronomía y cultura local.