En la misma jornada, DAZN captó dos imágenes sintomáticas en el Barça-Rayo y en el derbi madrileño. Por un lado,
Lamine Yamal gesticulando con amargura tras ser sustituido. Sentado en la segunda fila del banquillo, DAZN interpretó que expresaba su descontento con
Hansi Flick: “¡Siempre igual tú! ¡Madre mía! ¡De locos es esto! ¡Es de locos!”. Y después añadía: “¡Solo a mí! ¡Siempre a mí!”. En el partido del Real Madrid,
Vinicius también se marchó del campo lanzando un dardo a
Simeone. Al pasar cerca del técnico rival, el brasileño le repetía con sarcasmo: “¡Que me vendan! ¡Que me vendan! ¡Que me vendan!”. Se entendió como una venganza de lo ocurrido entre ambos semanas atrás.
Los jugadores han aprendido a convivir con las cámaras como parte del ecosistema natural del fútbol. Es muy habitual verlos taparse la boca cuando no quieren que los medios capten lo que dicen. Saben que cualquier comentario puede convertirse en contenido comprometedor.
Pero hay ocasiones en que las estrellas deciden no taparse la boca. Son tan hábiles dentro del campo como fuera, también en la gestión del relato. Deciden expresarse abiertamente, facilitando el trabajo al ya tradicional periodismo de lectura de labios. Parece deliberado. La gesticulación y los comentarios lanzados al aire transmiten un aparente desbordamiento emocional, una espontaneidad creíble. Pero también saben que ese instante se convertirá en noticia. Son conscientes de que no taparse la boca es una forma de intervenir en el relato, de controlarlo. Sus palabras no son una declaración oficial, pero tampoco son un comentario privado o discreto interceptado a traición por las cámaras. En ese momento, saben que son el centro de atención. Los reproches y quejas en caliente les permiten expresarse sin que les comprometa demasiado. Activan la circulación del mensaje delegando en la prensa la labor interpretativa. Es un territorio ambiguo: el gesto es más libre que cualquier declaración ante los micrófonos. No dicen del todo, pero tampoco callan. Es una manera de jugar otro partido fuera del césped, entre lo que ellos expresan y lo que los demás interpretan. No taparse la boca es el equilibrio justo entre la espontaneidad y la conciencia mediática.
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