El pasado 9 de marzo, la ministra de Sanidad, Mónica García, manifestó en declaraciones a diversos medios de comunicación que esperaba que los médicos «no tengan a los pacientes como rehenes», en referencia al mantenimiento de las jornadas de huelga convocadas por CESM , en cuyo comité negociador también participan los principales sindicatos autonómicos de Cataluña, Andalucía, Madrid, Euskadi y Galicia. Dejaremos de lado lo desafortunado de dichas declaraciones, teniendo en cuenta el hecho de que, si en esta historia hay algunos «rehenes», son los profesionales médicos y facultativos, atrapados en un sistema que les subyuga haciendo uso y abuso de la vocación y la responsabilidad para con los pacientes. Rehenes somos los médicos que hemos asumido como normal que durante décadas el sostenimiento de la sanidad pública haya descansado sobre nuestros hombros. Es decir, hemos suplido, con nuestro sobreesfuerzo y casi sin rechistar, la ausencia de planificación y la infradotación de las plantillas, salvando la cara y otras partes de la anatomía humana a la inmensa mayoría de los responsables políticos. Ahora les molesta que rechistemos. Lamentablemente, Mónica García, ahora ministra, pero anteriormente activista, ha hecho otras declaraciones que su yo sindicalista seguro que habría censurado. El 14 de febrero de 2026 dijo que una norma exclusiva para médicos y facultativos «rompería la cohesión y generaría desigualdades» en el Sistema Nacional de Salud (SNS). Así, para mantener una cohesión que no se sabe cuáles son sus beneficios objetivos se perpetúan inequidades siempre orientadas hacia el mismo colectivo. Reparar esos agravios, según dice, «generaría desigualdades», porque las diferencias actuales seguramente sí son aceptables. El 17 de noviembre de 2025, manifestó que «aprobar un estatuto específico para estos profesionales sería inasumible, porque sería un completo error dar prioridad a un colectivo sobre otros». Nos encontramos con una ministra –médico de formación y ejercicio– que, situando el debate en términos de prioridad, asume como propio el marco mental que categoriza nuestro colectivo como «privilegiado». Pero ella sabe perfectamente que no hablamos de prioridad, sino de especificidad. Seguimos. El día 18 de junio de 2025, a la salida de un Consejo Interterritorial de Salud, manifestó que «muchas reivindicaciones de la huelga ya están resueltas» y que «seguimos diciendo que todas las movilizaciones son legítimas y que algunas demandas no lo son». La aspiración del colectivo médico y facultativo para conseguir una jornada equiparable al resto de profesionales (35 horas semanales y jornadas diarias máximas de 12 horas) es absolutamente legítima y razonable. Negarlo es precisamente «dar prioridad a unos colectivos sobre otros». A pesar de que podríamos detallar más declaraciones desafortunadas, para concluir destacamos la que pronunció el 28 de febrero de 2025, en declaraciones a la televisión pública: «No creo que los médicos en este país estén mal pagados, cobran lo mismo que un ministro de media» y «los facultativos están en el percentil 99 de los profesionales mejor pagados de este país». Fue tal el revuelo fruto de la falta de veracidad de dichas afirmaciones que García tuvo que retractarse poco después. Además, en los pocos casos que un médico cobre lo mismo que un ministro, lo hace a costa de jornadas laborales de 70, 80 o más horas semanales,con vidas de pacientes en sus manos. Hacer ese tipo de comparaciones es cuanto menos ruin. Estas citas, pronunciadas por toda una ministra de Sanidad, generan perplejidad y desasosiego entre los médicos. Su estilo de liderazgo, absolutamente politizado y polarizante , en el cual sus declaraciones y actuaciones están condicionadas por el prejuicio de considerar a los facultativos como los «aristócratas del proletariado», está perpetuando un conflicto que obedece más que a cualquier otra cosa a un cambio en la cultura laboral de las nuevas generaciones. Solo hay que mirar el perfil social de los manifestantes para darse cuenta de que los médicos millennials y posteriores dicen basta y ya no están dispuestos a transigir. Y eso, ministra, está por encima de sindicatos e ideologías. Es más, se trata de un problema de Estado que el mismo presidente del Gobierno tendrá que asumir más pronto que tarde. Y no solo respecto a los profesionales médicos. Algunos hablan de la era de los trabajadores nihilistas, personalmente prefiero llamarles trabajadores conscientes. El SNS merece consenso, empatía y capacidad de diálogo. Es el momento que el Gobierno en su conjunto decida qué precio está dispuesto a pagar (con una población que quedará rehén de estas decisiones) teniendo a un colectivo básico, responsable del diagnóstico clínico , los tratamientos farmacológicos, las intervenciones quirúrgicas, la investigación biomédica, entre otras muchas atribuciones y competencias, indignado, movilizado y con un profundo malestar por sentirse ninguneado y maltratado por la administración. Xavier Lleonart es secretario general de Metges de Catalunya