No hay Semana Santa que no empiece por Ella. No hay fiesta que no escriba una primera página de oraciones que miran a lo alto, del negro luto que resplandece, de lágrimas que se enjugan por mirar a las suyas. De flores blancas que resplandecen de la primavera que brilla fuera. En un año de luz y de cielo impoluto como éste o en aquellos que traen lluvia o su amenaza, no falta la Virgen de los Dolores para decir desde su altura que llega la Semana Santa de Córdoba y que será Ella misma quien tenga que despedirla, después de muchos días de oraciones y gozos. Ni siquiera en aquel de encierro faltó su presencia y el rezo del...
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