Carlos Cuerpo tiene desde ahora mismo un reto aún más complicado que el de gestionar con acierto los problemas de la alta economía, y consiste en evitar que su perfil sensato, moderado, se transforme o se diluya en la crispada atmósfera de la polarización sanchista. Como a toda persona que se dedique a la vida pública hay que suponerle una ambición que no sólo es legítima sino que forma parte del equipaje necesario para desenvolverse en la política, y en su caso tiene demostrada una competencia técnica de ciertas garantías. La oposición lleva meses sin dirigirle preguntas en las sesiones de control, hecho que constituye un síntoma de que o bien no hay modo de discutirle las cifras o bien...
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