La zancada de los
atletas de élite de Kenia lleva años hipnotizando a entrenadores, aficionados y científicos del deporte. Parece que estén flotando por el aire y apenas tocan el suelo con los pies; sus
rodillas no se hunden y parece que avanzan como si el impacto no existiera.
No es magia ni suerte, sino una combinación de una genética privilegiada para correr largas distancias, un entorno de entrenamientos a muy alta altitud y una cultura del esfuerzo única.
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