Quien tiene un buen jersey, tiene un tesoro. Es así, verdad incuestionable, fin de la historia… De ahí que cuando damos con el modelo perfecto lo conservamos durante años como quien guarda una reliquia. Y si además a su calidad de cálido, cómodo y confortable le sumamos un plus de originalidad que lo catapulte al top de prendas
cool, entonces ya hemos dado con la panacea del
tricot. En cuanto llega el otoño-invierno y vemos de soslayo cómo descienden los termómetros,
los jerséis son las primeras prendas en las que pensamos -con permiso de los
abrigos de lana y las
chaquetas de punto grueso-, esos aliados a los que recurrir cuando necesitamos simplificar el look, buscamos el máximo confort o estamos faltas de inspiración. Las posibilidades que nos brindan son infinitas: combinados con vaqueros, faldas
midi, con pantalones de pinzas en clave
e incluso sobre
vestidos lenceros a los que queremos darles una segunda vida más allá de la noche o el verano. ¿Qué más se les puede pedir?
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