Cada vez que Óscar Puente comparecía esta semana para explicar el accidente ferroviario , su imagen proyectaba la sombra de Ángel Acebes en los días posteriores al once de marzo de 2004, cuando el entonces titular de Interior balbuceaba desencajado los indicios que hora tras hora iban desmontando la hipótesis oficial sobre la autoría del atentado. Poco a poco, el ministro de Transportes ha ido rindiéndose, no sin resistencia, a las evidencias sobre un tramo de vía roto o mal soldado que sugieren la responsabilidad de Adif –es decir, de su departamento– en el origen del fallo, aunque todavía ha tratado de señalar al servicio de emergencias madrileño –¡¡Ayuso!!– como culpable del largo y dramático rato en que nadie advirtió...
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