Los resabios chavistas que aún impregnan el discurso de Delcy Rodríguez no se compadecen con la realidad que impone la tutela que Donald Trump ejerce 'de facto' sobre la dictadura. La heredera de Nicolás Maduro tira de victimismo bolivariano para tratar de esconder que todo está atado y bien atado y que su permanencia en el poder solo se explica desde una estrategia diseñada por Washington para evitar el caos que hubiera provocado el desplome fulminante de un régimen cuyas redes –políticas, militares, sociales, asistenciales, mediáticas– son tan profundas como difíciles de cortar de un día para otro. ABC adelanta hoy el proyecto de la transición que modela la Casa Blanca para 'el día después' de Delcy Rodríguez, un consejo de tecnócratas inspirado en el plan de paz de Gaza y con el que desarticular sin traumas el entramado de la dictadura. El chavismo sigue vivo en Venezuela, pero como mero gestor de su propia agonía y del desmantelamiento de su andamiaje. Los plazos de ejecución dependen de los intereses de Trump, poco de fiar, y no tanto de la demanda de libertad de quienes han sufrido el azote del chavismo.