Esta soy yo: tres años, pelo corto, leotardos de lana que pican, jersey de colores, abrigo de paño dos tallas más grande. Voy con mis padres al cine. Todo está oscuro. Me compran caramelos Darlins de limón. Empieza el espectáculo. Pinocho. De repente, ya no existen mis padres ni la oscuridad ni los leotardos de lana que pican, no existe nada, sólo existe un abuelo que se siente solo y crea un nieto ficticio que miente. Y aparece una ballena y se come a Pinocho. Empiezo a gritar: «¡No, no, no, que no se lo coma!». La gente chista: «Shhh». Mis padres intentan callarme, pero no hay manera. Grito tanto que el acomodador, que nos conoce, les dice a mis...
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