De turista a refugiado. La transformación resulta abrupta, acaso comparable a la de una comunidad étnica que empieza a abrirse por imperativo socioeconómico. Por eso los japoneses tienen cada vez más vecinos extranjeros y por eso algunos de ellos son rubios de ojos azules, estereotipo del refugiado ucraniano. Así, gente que ha perdido el futuro acude a una sociedad que lo busca; gente a quienes Japón ofrece aquello que Rusia les arrebató: un hogar. En el barrio residencial de Nishikubo, a las afueras de Tokio, el café Kraiany se agazapa por calles impolutas de viviendas armónicas. Preside la fachada una bandera de la patria en lucha, y entre el amarillo del trigo y el azul del cielo, tan lejos ambos,...
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