Ponerse delante del papel puede llevar a cabo muchos sentimientos contrapuestos; y es que el estado de ánimo, la motivación, la tristeza, la experiencia vivida o la anhelada hacen que los trazos -o tecleos- vayan en una dirección u otra. A veces cuesta exprimir la sesera para rellenar el lienzo, ya sea para tejer palabras o pintar paisajes. Cuando no encuentro motivo para estirar las letras, cierro el ordenador y me doy un buen paseo por el campo, subo al caballo o me calzo las botas de agua para pisar charcos y respirar en la puesta de sol. Como el 'Alquimista', busco que el viento me traslade su mensaje, que la naturaleza me susurre qué transmitir. Que Dios -que nos...
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